Másters y oportunidades
OPINIÓN
Los másters universitarios, tal como los conocemos hoy, surgieron de un malentendido sobre la legislación europea. Antes, las carreras universitarias en España duraban cinco años: tres de formación general en una disciplina y dos de especialización, todo por el mismo precio. Sin embargo, en un momento dado, se interpretó que «Bruselas» ordenaba reducir las carreras a cuatro años. En otros países, como Reino Unido, los grados duraban tres años (como el de Física en Cambridge), pero parece que eso no lo sabía nadie. Así, las antiguas licenciaturas se transformaron en grados, y dejamos de formar licenciados para producir egresados.
Esta reducción de un año trajo cambios a las universidades. Algunos profesores se encontraron con menos horas de docencia, lo que complicaba cumplir con los requisitos para progresar en sus carreras. Para compensar, se crearon los másters universitarios, que en muchos casos sustituyeron al quinto año de las antiguas licenciaturas. Sin embargo, estos nuevos másters resultaban más caros, lo que supuso una carga económica importante, especialmente para familias con menos recursos. Lamentablemente, no siempre este aumento de precio vino acompañado de un valor añadido claro.
Antes de este cambio, los másters más prestigiosos, como los MBA, estaban orientados a formar directivos para la gestión empresarial. Eran caros, pero opcionales, ya que el mercado laboral valoraba principalmente a profesionales técnicos bien formados. Con la llegada de los nuevos másters, el panorama cambió: el grado por sí solo dejó de ser suficiente, y el mercado empezó a exigir un máster para considerar bien formado a alguien. En esencia, un grado más un máster se convirtieron en el equivalente a la antigua licenciatura.
Este cambio pudo haber sido una gran oportunidad para transformar ese quinto curso en una formación de excelencia, pero no siempre se hizo así. Los másters de las escuelas de negocio mantuvieron su enfoque, mientras que en las universidades públicas se crearon dos tipos: los profesionalizantes, diseñados pensando en carreras reguladas como medicina, derecho o arquitectura; y los académicos o de investigación, que a menudo carecían de una especialización clara. Aunque surgieron másters de gran calidad, también aparecieron programas que, en lugar de innovar, reciclaban contenidos de los grados o se diseñaban más para cumplir con las necesidades docentes del profesorado que para ofrecer una formación coherente y útil.
El resultado es un panorama desigual. Hay másters excelentes que aportan un valor real a la persona, pero también programas que parecen más preocupados en generar ingresos y hacer favores a los amigos a través de invitaciones a dar clases pagadas que en formar a los estudiantes. Para los jóvenes, esto supone un reto: invertir tiempo y dinero en un máster se ha vuelto casi imprescindible para acceder a muchas oportunidades laborales, pero no todos los programas son igual de valiosos.
Como estudiante, lo más importante es informarse bien antes de elegir. Hoy, gracias a internet, es más fácil que nunca encontrar opiniones, referencias y experiencias de otros estudiantes. Hay que buscar programas con buena reputación, que ofrezcan una formación sólida y que se alineen con los objetivos formativos que uno tenga. Sus impresiones pueden dar una idea clara de si el programa cumple lo que promete y de si las prácticas son útiles. Es también aconsejable hablar con los profesionales del sector. Es bueno conocer qué másters valoran más o si, en su experiencia, ciertos programas les han proporcionado buenos trabajadores.
Un máster es una gran inversión en tiempo y dinero, por lo que merece la pena dedicar tiempo a encontrar el adecuado. Un máster no define la valía como profesional, pero es una buena herramienta para potenciar habilidades. Al grado se puede llegar de muchas maneras, incluyendo por accidente, pero después de cuatro años en la universidad ya se está en buenas condiciones de saber lo que a uno le conviene y a lo que se quiere dedicar. Elegir un programa que esté bien diseñado es importante tanto a nivel personal como profesional, porque viene a ser la penúltima oportunidad de reorientar la carrera.