«Había que recuperar aquel regalo, lo más valioso de nuestra madre»

OPINIÓN

03 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Edad al registrarse en la web de la Xunta

Soy un gallego que lleva 74 años viviendo en Caracas (Venezuela) y se me ocurrió que debería aprender a hablar gallego. Entré en la página de la Xunta y procedí al registro, el cual no fue posible porque la página no acepta fechas de nacimiento anteriores al año 1950. Espero que con esta carta de alguna manera se logre subsanar este percance, pues los mayores también existimos. Luis Alcalde. Caracas.

Somos un país maravilloso

La grandeza de un país, entendiendo como tal el conjunto de personas que lo conforman, se demuestra ante eventos excepcionales. El lunes 28 de abril, ante un apagón total del país, nos mostramos tranquilos, nos ayudamos los unos a los otros y tiramos de humor ante un evento tan serio. Abarrotamos las terrazas y nos bebimos refrescos y cervezas templados, nos comimos los pasteles y los helados que se iban a perder y, lo más importante, cayó la noche con medio país sin luz sin más incidentes de seguridad que una noche normal. ¡No todos los países podrían presumir de esto!

Es ahora cuando empezamos a flojear, pues hay mucho ruido político y mediático que demuestra que no están a nuestra altura. Al igual que cuando cae un avión, hay que investigar la caja negra y elaborar un informe serio que permita entender realmente qué pasó y cómo prevenir que se repita. El resto es cuñadismo… que también es muy propio de este gran país. Roberto García Fernández. Moeche.

Gabriela

Por entonces vivíamos en la calle José Antonio, luego Constitución y ahora Paseo, en Ourense. El edificio Viacambre tenía una amplia terraza sobre lo que hoy son las galerías, tan grande como un campo de futbito, donde los vecinos teníamos dos porterías con redes y todo. Corría el año 1984 y tú ya te habías ido. Nuestro padre, José, bajaba conmigo y con mi hermano Jaime en el ascensor con aquel fantástico balón de hexágonos blancos y negros que le regalaste, como si fuera un árbitro de la Champions. Iba muy orgulloso de ti. Recuerdo aquella tarde otoñal en que después de marcar tantos goles el balón salió del recinto a las traseras del parque de San Lázaro. A mi padre le cambió el gesto, se entristeció. Había que recuperar como fuese aquel último regalo, lo más valioso de nuestra madre. Pasaron tres días hasta que pudimos cogerlo y ya no volvimos a jugar con él. Ese balón lució en las vitrinas del mueble del salón como si fuese un trofeo. Fue el último regalo de nuestra madre y lo cuidamos todos sus hijos. Qué de años han pasado, madre, y te recordamos siempre, cada día, tan bondadosa.

Que mañana tengas un buen día, mamá, te lo mereces. Gonzalo Sánchez, Lalo. Ourense.