Amar no debe doler ni someter

Carmen Martínez Perza DELEGADA DEL GOBIERNO CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

OPINIÓN

MABEL R. G.

25 nov 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

La violencia de género constituye hoy en día una de las mayores vulneraciones de derechos humanos que se producen en el mundo. Millones de mujeres son humilladas, sometidas, golpeadas y asesinadas en él por el hecho de ser mujeres. Son miles de años de cultura patriarcal, de entender que el varón es superior a la mujer y tiene derecho a someterla. La violencia contra las mujeres, no consiste en hechos puntuales. Se trata de un problema estructural que permea toda la sociedad. España, desgraciadamente, no es una excepción, pese a los enormes avances producidos en la democracia, sobre todo en las dos últimas décadas. La cultura machista impregna aún todos los ámbitos de nuestra vida.

Desde que en el 2003 se comenzó el registro, 1.285 las mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. En lo que llevamos del año 2024 se ha arrancado la vida vilmente a 40 mujeres por considerarlas inferiores, por la necesidad de llevar al extremo su sometimiento al poder del varón y por odiarlas por el hecho de ser mujeres. También se ha arrancado la vida a 8 criaturas menores de edad buscando multiplicar el dolor infligido a las madres.

Cada vez son más las víctimas de maltrato que se atreven a contarlo gracias a que nos hemos dotado de un sistema que está preparado para protegerlas. Sin embargo, sabemos que son muchas más las víctimas que continúan sufriendo en la sombra. A menudo no tienen conciencia de su condición de víctima porque han normalizado una situación que viven con habitualidad y, casi siempre, el maltratador ha conseguido atemorizarlas, someterlas y anularlas. En este contexto, la responsabilidad de los entornos de las víctimas y de los propios maltratadores es máxima en la detección de los casos y en el rescate de las mujeres y de sus hijos e hijas.

Los entornos debemos tener los ojos bien abiertos y saber que el maltrato no siempre consiste en palizas, ojos morados y huesos rotos. Los agresores saben cómo hacer daño sin dejar marcas físicas y esto lo logran con humillaciones y amenazas constantes a las víctimas, coartando su libertad, logrando su total dependencia económica, haciendo daño a sus hijos e hijas, etcétera.

La violencia en la pareja no surge de la noche a la mañana. El ciclo de la violencia se manifiesta de forma progresiva, a través de comentarios o gestos que pueden parecer insignificantes, pero que no lo son y que, con el tiempo, aumentan en intensidad y frecuencia. Un dato muy importante es que el agresor no es un monstruo ajeno o extraño, sino que se trata de un hombre común, de cualquier edad o condición social, que utiliza el control y la violencia como mecanismos de poder. Y no olvidemos que el amor no debe doler ni someter: no debemos romantizar la violencia de género.

Hablamos de un delito público que nos concierne a todos y a todas. Para el apoyo a las víctimas y a los entornos contamos con recursos como el 016, que ofrece información, asesoramiento jurídico y apoyo psicosocial inmediato tanto para las víctimas como para quienes las rodean. No miremos hacia otro lado, no minimicemos las señales y no guardemos silencio.