Kamala «for president»

José Enrique de Ayala ANALISTA DE LA FUNDACIÓN ALTERNATIVAS

OPINIÓN

Stephanie Scarbrough | REUTERS

29 jul 2024 . Actualizado a las 10:41 h.

Era inevitable. El presidente de EE.UU., Joe Biden, no podía mantenerse en la carrera por la reelección después de que el debate del 27 de junio con Donald Trump, y otros patinazos posteriores, demostraran sus problemas cognitivos y de coordinación, que ya antes eran un secreto a voces. Lo mucho que ha tardado en renunciar a la candidatura puede haber hecho irreversible la ventaja de Trump, y hay responsables de ello, además del propio presidente.

Biden ha sido un presidente moderadamente bueno para EE.UU. La economía está mejor que nunca, aunque la inflación persiste, ha mejorado la sanidad pública, ha aligerado la carga de las becas estudiantiles, ha aprobado legislación de control de armas y medioambiental muy avanzada, ha mejorado las infraestructuras y aumentado las prestaciones sociales. Tal vez, su punto más oscuro haya sido consentir la matanza del ejército de Israel en Gaza sin haber tomado medidas contundentes para detenerla. No merecía terminar así su larga carrera política, pero su deterioro mental y físico no daba opción, y las encuestas reflejaban dramáticamente su decadencia.

El Partido Demócrata ha reaccionado rápidamente, aunque el tiempo perdido ya es irrecuperable. La mayoría de los asistentes a la Convención Nacional Demócrata —Chicago, 9 de agosto— estaban comprometidos con Biden y este tenía por tanto autoridad moral para pedirles que votaran al candidato que él designara. Lo ha hecho en favor de su sucesora natural, la vicepresidenta Kamala Harris, que ya ha suscitado una oleada de apoyos en el partido y también —importante— de donaciones, además de que solo ella podía hacer uso de los fondos de campaña existentes. Harris es una mujer de gran formación jurídica, inteligente y tenaz, pero ha ejercido la vicepresidencia sin brillantez. Fracasó en solucionar la cuestión migratoria en la frontera sur —un asunto que es la principal vulnerabilidad de los demócratas—, aunque en los últimos meses ha estado más activa en la defensa del derecho al aborto y contra la legislación reaccionaria de algunas legislaturas estatales.

Es muy querida por los votantes negros —especialmente mujeres—, los jóvenes y los progresistas, pero está por ver si puede movilizar mayorías suficientes para vencer a Trump en los cien días que quedan hasta la elección. No parece que EE.UU. esté aún preparado para tener en la presidencia a una mujer de raza negra y ascendencia asiática, pero habrá que verlo. Biden iba a perder con toda seguridad y ella tiene alguna posibilidad de ganar.

En política hay veces —pocas— en las que se puede optar por un proyecto ilusionante, motivador, que aporta esperanza. Y hay otras —muchas— en las que hay que optar por el mal menor. Trump es un ególatra sin escrúpulos al que no le importa saltarse la ley, ni poner en riesgo la democracia, para favorecer sus intereses personales, y no parece que dudara en conducir a su país a un conflicto civil si le conviniera. Su reelección puede ser muy peligrosa para el futuro de EE.UU. y, por ende, del mundo. En política exterior, Harris sería seguramente continuista con las líneas principales de Biden. Ha criticado con cierta dureza la matanza de palestinos por el ejército israelí en Gaza, pero eso no quiere decir que cortará su ayuda a Israel. En Europa mantendría el apoyo a Ucrania en una guerra que no se puede ganar —ni perder—, a la que antes o después habrá que buscar una salida. Seguramente no es una mujer que pueda suscitar grandes entusiasmos, ni dentro de EE.UU. ni fuera, pero Trump sería mucho peor, de eso hay pocas dudas. También para Europa, porque ya se ha mostrado hostil a la Unión Europea y demasiado tibio con la OTAN y sus obligaciones como líder. El 4 de noviembre, en Estados Unidos, se elige entre la mentira, el odio, el egoísmo antiguo y cutre, y el progreso, el respeto a la diversidad, a la libertad y a la convivencia. Esperemos que los votantes sean sensatos y escojan esta última opción.