Los riesgos de la distopía

Elisardo Becoña AL DÍA

OPINIÓN

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18 mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

La distopía, como contrario a la utopía, surgió en el mundo literario y las artes, centrada en la ciencia ficción. Representa un mundo futuro pesimista, controlado, con pocas libertades, falta de recursos para sobrevivir, incluso viviendo en otros planetas. En cambio, la utopía es definitoria de las generaciones nacidas después de la Segunda Guerra Mundial, a mediados del siglo XX, por el optimismo de los importantes e ininterrumpidos desarrollos tecnológicos, cambios sociales y mejora económica y social. Lo anterior ha cambiado. Parte de los adolescentes y jóvenes tienen hoy gran interés por la distopía, como hecho cultural y realidad tangible. Ello no está exento de riesgos, sobre todo si asumen su filosofía, centrada en una visión deprimente del mundo y de su dudoso futuro. Por ello, ¿estamos ante un problema real o ante algo pasajero?

Lo que transmite la distopía es el pesimismo por el mundo futuro, la desmotivación, el consumo de sustancias para sobrevivir, la falta de libertad, el fuerte control social del Estado, la imposibilidad de realización personal, la frustración; en suma, el desánimo. Los que creen en su realidad están en una vía hacia el malestar, la depresión, el consumo de sustancias, la anomia. Los más afectados, cuando la asumen como cierta, son los jóvenes. En tal caso, ven el mundo actual de modo negativo, con muchas limitaciones, sin encontrar su lugar en él ni tener un papel decisorio en lo que ocurre. Los que así piensan, y siguen los productos culturales de la distopía, lo confirman a su alrededor. Así, películas de éxito para jóvenes, como series e incluso videojuegos, se fundamentan en la distopía y en mundos virtuales que no existen, que son deprimentes, pero los ven como posibles.

Socialmente, hoy hay más distopía, al contrario del bum de las utopías del pasado. Aunque la distopía tiene 100 años de historia, muchos elementos que proponía en el pasado se van convirtiendo en reales: globalización, fuerte dependencia de la tecnología, neoliberalismo, falta de seguridad, dilema libertad-seguridad, dificultades para lograr ser feliz, no conseguir el trabajo deseado, complejidad de las relaciones interpersonales, mundo en continuo cambio… Varias guerras activas en este momento facilitan esa visión pesimista del mundo.

Probablemente estamos ante algo pasajero. Sabemos que el ser humano está programado para la supervivencia, para superar cualquier problema, aunque no siempre exento de costes. Llevamos miles de años sobre el planeta Tierra. A pesar de todo lo que ha pasado, pasa y pasará, nuestra capacidad de supervivencia y de adaptación al medio natural es impresionante. Pero no para todos. La receta para estos es simple: hacer frente a esa visión negativa con optimismo y confianza frente a su pesimismo y malestar. Es el modo de pasar a un realismo sosegado para superar esa distopía. Y seguir atentos a los que sufren por ella y ayudarles cuando lo necesitan.