Diálogos en las aulas

Cristina Torrado Tarrío / Noemí Silva Álvarez COMISIÓN INTERSECTORIAL DE MEDIACIÓN DO COLEXIO OFICIAL DA PSICOLOXÍA DE GALICIA

OPINIÓN

OSCAR CELA

Bien es sabido que los seres humanos no somos procesadores neutrales de información. Tal es así que, en las personas individuales, y también en nuestras sociedades, tiende a instalarse una tendenciosa filosofía que, en forma de sesgo cognitivo, nos lleva a reparar en aquello que es especialmente relevante para nuestra superveniencia: todo lo negativo que nos rodea.

Este patrón de conservación aqueja a la construcción que, en el imaginario social, poseen muchos de los ámbitos en los que la persona habita y evoluciona. ¿Qué ocurre cuando este filtraje negativo impregna al ámbito educativo?: alertas por malos resultados en informes de rendimiento, abandono escolar, acoso, ciberbullying, aumento de conductas suicidas, etcétera.

Bajo esta trampa, desconocemos que la realidad no es única e irrefutable, y obviamos su personalidad poliédrica: lo que divisemos vendrá determinado por el lugar desde el que observemos. Y ¿qué emerge si contemplamos el contexto educativo desde la «cara oculta»?: colaboración, creatividad, compromiso social, solidaridad, crecimiento personal, respeto... Valores que, desde hace tiempo, vienen germinado en los centros educativos de nuestro entorno a través de diferentes experiencias:

- Programas de Alumnado Ayudante. Favorecen que alumnas y alumnos, de manera desinteresada, pongan su tiempo y empuje al servicio del bienestar y la inclusión social y educativa de sus compañeros y compañeras, así como al servicio de la prevención de conflictos en sus centros educativos.

- Programas de Mediación entre Iguales. En ellos, niños, niñas y jóvenes acompañan a sus iguales por el camino del consenso y la gestión de las diferencias; siempre desde el respeto a la diversidad y a las realidades individuales.

- Programas basados en una Pedagogía Restaurativa. Así, a través de prácticas proactivas se idean espacios que permiten generar confianza y entendimiento mutuo en el seno de la comunidad educativa. De igual modo, a través de prácticas reactivas se abre la oportunidad para, en lugar de aplicar medidas disciplinarias como sanciones o castigos, que vienen impuestas «desde arriba», permitir a las personas protagonistas del conflicto restaurar el daño ocasionado y sanar las relaciones.

En todos y cada uno de los contextos en los que participamos es previsible la aparición de discrepancias y diferencias que bien gestionadas pueden enriquecernos; sin embargo, una mala gestión de las mismas puede llevarnos a conflictos más o menos explícitos que deriven en una convivencia tensa y confrontada.

Con motivo del Día Europeo de la Mediación, que se celebra hoy, 21 de enero, no está de más recordar que en una sociedad diversa, cambiante y dinámica como la que habitamos, la escucha y el diálogo, valores fundamentales para la convivencia, deben ser nuestro principal foco de atención. Y ello, con más ímpetu, si cabe, en lo que respecta a los centros de enseñanza, por considerarlos un importante agente de cambio y un escenario privilegiado para dotar de herramientas que aboguen por una convivencia pacífica, colaborativa y respetuosa.

¿Qué mejor apuesta como comunidad que dar más espacio a todas estas experiencias que en nuestros centros escolares, desde edades muy tempranas, trabajan activamente por el cambio, transmitiendo valores fundamentales, disponiendo espacios, herramientas y estrategias que redunden en una convivencia pacífica?

Experiencias que se sustentan, no en pocas ocasiones, en el voluntarismo y solidaridad de las personas que configuran la propia comunidad educativa (niñas, niños, jóvenes, profesorado, familias, etcétera), que trabajan por y para la paz, por el respeto y el valor de la diferencia, en muchas ocasiones sin más medios que su tesón y buen juicio.

Pongamos el foco en nuestras fortalezas. Una escuela que forma en ciudadanía y comunidad, que apuesta por el diálogo y la resolución pacífica de conflictos, es una escuela alineada con los valores que sostienen la sociedad actual en la que se inserta y de la que se nutre: nuestra sociedad.