La cadena okupa

César Casal González
césar casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Xoán Carlos Gil

15 oct 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay una frase de un autor cuyo nombre no recuerdo que dice que no es nada fácil resistir el embate obstinado de la tontería. Los políticos siempre llegan tarde. El problema de la okupación ha ido creciendo y creciendo delante de nuestros ojos y lo único que hacemos es ponerle parches. Tapiar poco y mal un conflicto que tiene mil raíces. No hay administración que aborde el lío que tenemos encima en toda su complejidad. Vamos sufriendo sucesos y dramas en distintas ciudades, en un goteo desesperante. Ahora, el drama de Vigo, con una familia arrasada por un incendio en un edificio okupado en el centro de la ciudad olívica. Unos chavales que no serán chicos. 

Vivimos, o sobrevivimos, atados a la cadena okupa. La okupación es una cadena con múltiples eslabones. Es un golpe en los morros a la propiedad privada. Fallan las garantías. Fallan los servicios sociales, que no tienen los medios suficientes. Falla la oferta de vivienda. Falla el alquiler y la venta de pisos. Faltan edificios sociales. Falta cuidar el centro de las ciudades. Se abandona el corazón de las urbes por la especulación inmobiliaria. Por los precios por las nubes. Falta y fallan las actuaciones judiciales. Las desokupaciones exprés solo consiguen trasladar el problema de calle. O de regreso al mismo edificio, en unos días.

Pero hay más eslabones en la cadena okupa. Las familias desestructuradas que se meten en esos pisos no lo hacen por gusto. No tienen dónde caerse muertas. Muertos en vida, que es como están muchos. Sin que la sociedad mire para ellos hasta que arden en un incendio. Llegan las mafias de la droga y se cuelan en estas viviendas vacías para convertirlas en narcopisos y la sociedad tampoco responde a ese eslabón atroz de la cadena a la que estamos atados. Luego, llega también el suceso por las okupaciones de las redes de venta de droga. Se les acumula el chollo a las administraciones por las viviendas okupadas, sin que se aborde el problema en su conjunto. Se dan pasos perdidos. Se dan pasos de poco recorrido.

Cada vez habrá más okupaciones, en pisos que no reúnen las condiciones. Donde la convivencia por el perfil de los que acaban en esas viviendas convierte la vecindad en algo imposible. Peleas, enfrentamientos, agresiones, incendios. El elefante de la okupación al que estamos atados crece y crece y nosotros solo nos asombramos cuando sacan cadáveres del centro de una ciudad, en esa calle que en su tiempo fue para nuestros padres y abuelos lugar de paseo, de admiración. Se nos está cayendo el pasado, el presente y el futuro. La indignación por lo de Vigo durará unos días, lo que exige el luto. Y, tiempo al tiempo, volverá a suceder. Estamos en un filo en el que no existen ni los derechos ni los deberes, en una situación en la que intentamos mirar hacia otro lado. Los edificios abandonados que favorecen las okupaciones son como cuando al limpiar echamos el polvo debajo de la alfombra. Es así de triste. Lo que sucede con las okupaciones es lo que pasa cuando la vida ya no es vida.