Miguel Bosé, punto y aparte

Beatriz Pallas ENCADENADOS

OPINIÓN

04 oct 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Podría parecer difícil sobreponerse a una campaña de imagen como la que Miguel Bosé se granjeó al surfear mar adentro la ola de la pandemia. Después de ver los cuatro capítulos que componen Bosé renacido, cualquier teoría apocalíptica parece aparcada. El cantante, con una historia personal palpitante y turbulenta, tiene la piel curtida de vivir y sobrevivir sin encajar en moldes mayoritarios, por lo que defender su negacionismo a contracorriente no lo amilana. El espectador puede amarlo u odiarlo, ser con él más o menos benévolo, ponderar si llevar sus fotos pegadas en la carpeta de la adolescencia mereció o no la pena. Pero lo que no podrá negarle es que su vida nutre de contenido sustancioso una docuserie que transita de su mano por las cuatro casas que marcan su existencia.

El hijo del torero acaricia al artista que habita en él y se muestra más humano que nunca en su faceta de padre que madruga según el horario escolar y sale a comprar pollos al mercado. Con su voz ronca, rubrica una biografía autorizada y a medida, sustentada por muchos amigos que lo quieren bien. Bosé renacido no es solo una catarsis para expiar sus demonios del pasado, sino que también es un anuncio de algo impreciso que está por venir. Lo que llega, avisa, es otra historia. Otro nombre, otro apellido. Bosé promete continuar.