En torno a 390.000 personas de edad avanzada viven en residencias en España, es decir, el 19,7% de la población de más de 65 años, según la estadística del INE correspondiente al 2022.
El 30 % de las personas con algún tipo de demencia son inmovilizadas con sujeciones para reducir su agitación, según la Confederación Española de Organizaciones e Mayores. Cuando consultamos el diccionario de la Real Academia y buscamos la palabra «libertad» nos encontramos en la definición con la frase de «falta de sujeción y de subordinación».
El uso de las sujeciones, que es cualquier iniciativa que limite la movilidad de una persona en contra de su voluntad, tiene importantes connotaciones, ya que afecta a un derecho fundamental de los ciudadanos como la libertad, ademas de atentar contra otros valores como la dignidad y la propia autoestima personal.
La Constitución española de 1978 habla en sus artículos 14, 17 y 18 de la libertad en sentido amplio. También múltiples normativas nacionales e internacionales, entre las que destaca la publicación en el BOE 28 de julio del 2022 de un acuerdo del Consejo Territorial de Servicios Sociales y del Sistema para la autonomía y atención a la dependencia, que habla de una atención libre de sujeciones y que asegura su efectiva y plena implantación antes del 30 junio del 2025.
Existen varios tipos de sujeciones: las farmacológicas o químicas y las mecánicas o físicas.
Entre estas últimas, según los diferentes dispositivos, utensilios o equipos, podemos encontrar: muñequeras, tobilleras, cinturón abdominal o pelviano, peto torácico, cinturón de cama, barandillas de cama, sabanas, etcétera.
Cuando se analizan las sujeciones químicas los grupos farmacológicos más utilizados son los que actúan sobre el sistema nervioso central, es decir benzodiacepinas, neurolépticos, hipnóticos y sedantes, antidepresivos sedantes y antiepielépticos con efecto sedante.
Ambas sujeciones constituyen un tema muy controvertido dentro de la asistencia a nuestros mayores, por las repercusiones que conllevan. Por lo que se empieza a reconocer abiertamente el derecho de la persona a no ser sujetada.
Hay estudios que demuestran que el uso de las sujeciones mecánicas o físicas no solo no logran disminuir alguno de los problemas para las que se prescribieron, si no que por el contrario, incluso aumenta la gravedad de los mismos (produciendo lesiones, erosiones, laceraciones, desgarros, isquemias, infecciones, síndrome de inmovilidad, incontinencia, úlceras cutáneas, agitación, miedo, humillación, etcétera o generando lesiones mortales por estrangulamiento y asfixia). Los mismo pasa con las sujeciones químicas que producen deterioro del estado cognitivo, de la comunicación, del estado de ánimo, así como de los síntomas conductuales.
Las imágenes que vemos en los medios de comunicación de ancianos atados son consecuencia de una mala praxis médica. Hay circunstancias excepcionales, en las que ha de recurrirse a su uso, ante situaciones urgentes que suponen un compromiso vital o para la aplicación de medidas terapéuticas esenciales para la supervivencia. Su indicación debe ser médica y debemos optar por las medidas menos restrictivas, siempre que se haya constatado claramente el fracaso de otras medidas alternativas. En el breve espacio de tiempo durante el cual se lleve a cabo la sujeción, la persona usuaria será mantenida en condiciones dignas y bajo el cuidado y supervisión inmediata y continua por personas profesionales del centro.
En las residencias el objetivo de un protocolo de sujeciones es la protección del residente, para evitar los accidentes que en algunos casos se producen, aun asumiendo la pérdida de la libertad individual. Pero todo paciente tiene derecho a las alternativas menos restrictivas posibles realizando una valoración de los riesgos ya que, muchos problemas de conducta, obedecen a necesidades no satisfechas.
En el 2021 desde la Consellería de Política Social se había anunciado que todos los centros de mayores en Galicia estarían «obligados a reducir las sujeciones al mínimo posible» y se haría un esfuerzo importante en tres áreas: la formación del personal, la adaptación de los espacios para hacerlos mas accesibles, y el uso de las nuevas tecnologías para la detección de las caídas u otras incidencias. Se recordó que el protocolo de la inspección establece como requisito para su aplicación contar con una prescripción médica y con un consentimiento informado.
Existe un documento técnico «Cuidado sin sujeciones» del 2023 de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología que nos indica que el modelo de cuidados debe estar centrado en la persona y en sus derechos (modelo de cuidado que no sujeta).
Subraya que el primer objetivo debe de ser la prevención (para evitar llegar a la necesidad de usar sujeciones ). Así, cuando un paciente ingresa en una residencia se le debe de informar de que allí no se usan sujeciones. Los espacios deben de ser abiertos para facilitar la deambulación, sin obstáculos; hay que mantener luces guía por la noche de baja intensidad y cerca del suelo para evitar deslumbramientos; realizar programas de ocio; tener en cuenta ratio del personal por paciente para una correcta atención; se considera importante la formación a todo el personal y a la familia; usar calzado adecuado, gafas y audífonos; tener acceso a la rehabilitación para el fortalecimiento muscular; prevenir la sobrecarga del cuidador, y también prevenir y eliminar de la sujeciones químicas con un plan de uso racional de los psicofármacos
El segundo objetivo es quitar, las sujeciones ya prescritas o que se están utilizando.
Y en tercer lugar, mantener el centro sin sujeciones, mediante la implantación de un plan de supresión de sujeciones que deberá se aprobado por la comunidad autónoma y cuya ejecución se controlará por el servicio que en cada territorio tenga encomendada la labor de inspección de centros.
En fin que todo el personal de los centros este familiarizado y formado para abordar estas situaciones, así como el refuerzo de las plantillas, es algo indispensable para cumplir este «modelo de cuidados que no sujeta» antes del 2025, ya que la sujeción no es una terapia y solo añade sufrimiento.