Cuando se acercan las elecciones estivales que van de decidir el Gobierno de España de los próximos años, no hay tertuliano ni analista que no recomiende a quién votar. En situaciones así no suele faltar un humorista o un guasón que también haga su particular campaña en favor de alguien ficticio.
Un candidato muy recomendado suele ser un tal Bríos, para el que se reclama el sufragio con un sonoro ¡Voto a Bríos! Bueno, en realidad es un ¡Voto a bríos!, pues ni en la vida pública ni en la privada existe tal personaje. Esa expresión aparece en muchas obras literarias, sobre todo del siglo XIX. En el Tenorio, Zorrilla la pone en boca de Pascual, que se dirige así a don Luis: «No lo hablo por vos, / que aunque sois un calavera / tenéis la alma bien entera / y reñís bien, ¡voto a bríos!».
En ¡Voto a bríos!, bríos sería un eufemismo para no mencionar a Dios. Esa locución interjectiva y ¡Voto a Dios! se empleaban como juramento en el pasado. Hoy no se oyen ni en el ambiente más vil y tabernario. Si acaso, los que dejaron la niñez hace unas cuantas décadas habrán leído la primera en los tebeos que narraban las aventuras de nuestros héroes más intrépidos cuando perseguían espada en mano a quien fuere menester.
El voto fue desde al menos el siglo XV un «juramento o execración en demostración de ira», en palabras del Diccionario. El de Autoridades explicaba en 1739: «Llámase assi por empezar regularmente con esta voz la expression: como Voto à Dios, voto à Christo». Y añadía sus equivalentes latinos: «Execratio. Blasphemia».
La expresión ¡Voto a...! ha sido completada con multitud de voces, empezando por los nombres de Dios, Cristo y la Virgen María. En nuestra literatura aparecen otros de carácter demoníaco, como Luzbel, Lucifer, Belcebú, Satanás, y locuciones como mil diablos, los cuernos de Belcebú, todos los demonios, veinte mil legiones de demonios que te lleven, los pelos del diablo... También se mencionaba a santos y otras cosas relacionadas con la religión, como la fe de los moros, la casa santa de Hierusalén, las reliquias de Roma, la santa letanía, mis pecados... Y otras más mundanas, como tal (¡Voto a tal!), mi santa abuela, mil pares, la reborborada, Baco, las estrellas, mi sayo...
Si, concluido el recuento de los otros votos, el 23 de julio, no queda el lector satisfecho con el resultado, siga esta recomendación de autor desconocido: «Vota a bríos. Te sentirás mejor».