Socorro, año y medio de elecciones

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

PILAR OLIVARES | REUTERS

30 ago 2022 . Actualizado a las 12:28 h.

Me ato en la muñeca un reloj. ¿Recuerdan los relojes? Cuando no nos pasábamos la vida mirando la pantalla del móvil y la hora en la pantalla del móvil. Es verano. Me lo ato y lo paro a propósito. Así solo llegaré puntual dos veces al día. Así tiraré el móvil al fondo de la piscina y me alejará del infierno intenso de una campaña electoral que va a durar un año y medio.

Mis momentos de verano serán para mí. Es necesario en verano matar el tiempo. Pasmar es la actividad clave. El horizonte definitivo antes de la sobredosis política. Muy poca gente sabe hacerlo. Mi compañera en La Voz, Elena Méndez, nos descubrió en el suplemento Fugas de cultura a Martha Batalha. Este descubrimiento sí quiero compartirlo con ustedes. Martha Batalha (Recife, 1973) es una escritora brasileña que es la Gabo mujer. Leerla en verano es una gozada inolvidable. Cualquiera de sus dos libros en Seix Barral, Un castillo en Ipanema o La vida invisible de Eurídice Gusmão, de la que hay película, son fabulosos. Aprovechen septiembre, si les va a tocar ahora vacacionar. Con ella vuelve el realismo mágico. Cambien la Colombia de García Márquez por un Río de Janeiro alucinante, por unas sagas familiares que nos despertarán los recuerdos de nuestras abuelas y abuelos. Es ella la que escribe en Un castillo en Ipanema una frase que merece ser acuñada en logos publicitarios: «Esas tardes en las que descubría el sentido de la vida, que es olvidarse del tiempo». Así son sus libros. Te liberan del yugo de las horas y los minutos. Adiós a las agendas. Adiós a atender al móvil hasta cuando no estás trabajando. Bienvenido a la hamaca de la mente. Bien halladas esas abuelas hadas madrinas que saben que nada da más felicidad que una torrija de las de toda la vida. Con la proporción justa de leche, huevo y azúcar.

Todos tenemos en el paladar el sabor de las torrijas. En la nariz, su olor. Todos sabemos que esas torrijas que tienen el punto justo de esponja dulce consiguen que nuestro corazón también se vuelva esponja, que lleguen los recuerdos que nunca debieron irse. Que ser feliz está muy lejos de esa agenda política y económica que oprime nuestras cabezas como una descarga eléctrica. De eso van los libros de Martha Batalha, de las sagas familiares, de un Río de Janeiro que parece que no existió pero que es más auténtico que el que existió. De volver a ser niños, de volver a descubrir el deseo, de perderse en el laberinto del tiempo, de no encontrar la salida como mejor manera de hallar la fórmula perfecta de la existencia.