Resignémonos. Es lo que quieren. Callémonos. Es lo que pretenden. Miremos hacia otro lado, es lo que anhelan. El nivel político y el debate de ideas es el que es. El espectáculo se define por sí solo. No cesa. Como aquel rayo del poeta. La hojarasca es cada vez más tupida, pero enmarañada y resbaladiza. Cuando a aquellas hojas las ha embadurnado la lluvia, el polvo crea una capa resbaladiza. La misma por la que se corroe el debate público. Pegasus y espionaje. Grito de los políticos catalanes. Silencio monclovita.
Se baja a lo zafio, a lo mezquino, y se ensalza la confrontación en una coreografía de mediocridad y de trampantojos. La estrategia simplemente no es otra que la polarización destructiva. En vez de ganar de nuevo confianza, credibilidad, convicción, se intenta hundir aún más cada institución en la ciénaga, mientras solo unos pocos juegan a seguir siendo dueños y señores del albero político y público.
El esperpento de los últimos meses es una gota más en este océano de mentiras, mezquindades y veleidades. Del grado extremo al que llega el cinismo de algunos políticos. De la indiferencia y arrogancia estéril, pero también de la chulería socarrona. Verdaderamente me pregunto si a alguien le importa este país. Prefiero no contestar. Aquí cada uno a lo suyo. El precio es el valor. Y el valor solo es lo económico. Como síntoma de un poder efímero, pero sórdido.
Pero no caigamos en letanías viejas y solipsistas. Me temo que a nadie importa. O eres ciudadano de a pie o no estás. Porque no les importan. Quieren vía libre para hacer y deshacer, pero luego necesitan la foto, la cara de preocupación pero también la de estadistas. No los hay. Esto es un erial. No hay liderazgo. Queda alguno en el mundo empresarial, ético, sociológico y en la investigación, pero muy contado. El resto, desgana y galbana intelectual. Somos como somos. Nadie nos va a cambiar si no hay antes voluntad y tesón de hacerlo uno mismo.
Pero no caigamos, segunda vez que lo decimos, en el desánimo. Eso sería darles la razón, la derrota y el arrodillamiento sin flagelo. Atrévase a pensar en voz alta. Somos ciudadanos. No pantomimas.