Pitbull

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

MARTIN DIVISEK

26 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Parece que ya nadie recuerda aquella conversación entre Victoria Nulland, secretaria de Estado adjunta para Asuntos Europeos en el Gobierno Obama, y el embajador norteamericano en Kiev. Según Estados Unidos, la grabaron y la filtraron los rusos. Eran los tiempos del Euromaidán, la supuesta revolución del pueblo ucraniano contra su presidente prorruso, democráticamente elegido, que desembocó en un Gobierno propicio a las pretensiones occidentales. La conversación entre los dos diplomáticos se hizo viral en YouTube, sobre todo, porque Nulland dice en un momento dado: «A la UE que le den». Y esto escandalizó al mundo, cuando lo verdaderamente escandaloso lo habían tratado antes: qué opositores podrían formar parte del Gobierno ucraniano y cuáles no.

En mi pueblo dirían que fue como ir a escaravellar el bicho, es decir, ir con un palo a incordiarle en su agujero. Bueno, Ucrania perdió Crimea ese mismo año sin que prácticamente nadie la defendiera. Y estalló en su frontera oriental la guerra de los separatistas prorrusos, alentada y mimada por Moscú y prácticamente olvidada por Occidente. Lo de ahora, que Ucrania pierda Ucrania, era cuestión de tiempo y de que pasaran el brexit y Merkel.

Estas semanas mi madre preguntaba todos los días si habría guerra. Le decía que sí y suspiraba conmovida: «¡Pobres soldadiños!» Sigue repitiéndolo. A nadie se le ocurre mandar a un pequeñajo a la caseta del pitbull dormido para que juegue con él. Menos aún, despertar al perro desde la distancia y azuzarlo con el niño delante. ¿Qué pensaríamos de ese hombre si, después de incitar a la bestia, abandonara al niño a su suerte? ¿Qué le diríamos? ¿Qué haríamos con él? Pobres ucranianos.