No es por nada, pero cuando el señor Fernández Mañueco rompió su Gobierno, disolvió las Cortes y convocó elecciones, lo advertimos aquí: cuidado que la jugada puede salir mal; cuidado que no hay razones objetivas para esa sacudida; y mucho más cuidado todavía, porque no se puede jugar con las instituciones ni con los pueblos por pura estrategia de partido y pensando en construir una alfombra roja para que un líder la pise de camino hacia la Moncloa. Tal como están las encuestas, esas precauciones resultaron premonitorias.
Encima, se agravaron por los mensajes de campaña: en los mítines se habló de Garzón, se hicieron fotos con vacas y ovejas como si formaran parte del cuerpo electoral, y no se habló de la reforma laboral, pero sí de su chusca votación. Naturalmente, para que el combate fuese nacional y no regional. Todo eso tenía que tener consecuencias en la intención de voto. Y el PP, en vez de hacer un análisis y obtener conclusiones de los pronósticos del CIS, se dedicó a descalificar a su presidente, el famoso Tezanos. Gran inteligencia estratégica. Hay políticos que, partiendo del principio de Ayuso que dice que «Madrid es España», piensan que España es igualita que Madrid.
Por eso me pareció interesante un titular de ayer de elconfidencial.com: «El PP cambia de estrategia para el 13-F, menos Sánchez y más Castilla y León». Hay algo que no se puede rectificar: la estrategia de ganar el día 13, volver a ganar en Andalucía y así certificar que ha llegado el cambio de ciclo político. Eso ya lo rectificará la realidad de los hechos. Pero hay algo que obliga a preguntar qué tipo de asesores tienen los señores Casado y Fernández Mañueco para hacer lo que hicieron hasta ahora y que da credibilidad al deprimente —deprimente para el PP— barómetro del CIS: ir de error en error hasta tentar la debacle final.
Error número uno, no tener bien estudiado el paisaje electoral. Hay que carecer de medios y olfato para adelantar unas elecciones para perderlas. Eso no se le ocurre ni al que asó la manteca. Error número dos: hacer una campaña de contenidos estatales en una comunidad con necesidades sociales urgentes. No hizo más que dar aliento a los nuevos partidos localistas. Error número tres: exagerar la definición de partido agrario cuando en Valladolid está una de las industrias más potentes de Europa. Es más «exportable» una foto en Renault que rodeado de la tierna mirada de las vacas. Error número cuatro: pensar que fuera de Madrid existe el mismo odio a Sánchez que en la capital. Madrid es un hervidero de conspiradores, España es un hervidero de problemas. Y error número cinco: entregar el grueso de la campaña a Díaz Ayuso. Isabel es mítica. Pero encomendarle la salvación denuncia que Casado tiene menos fuerza electoral. Lo malo es que quedan tres días de campaña, y no creo que se llegue a tiempo a rectificar.