Lo que no aprendimos del volcán

Alicia Aradilla SOCIÓLOGA, EXPERTA EN NEUROLINGÜÍSTICA

OPINIÓN

MABEL RODRÍGUEZ

Días y días de volcán, lava y todas sus consecuencias, invitan a reflexionar sobre el hecho de que la naturaleza nos proporciona lecciones para convertirnos en humanos más sabios y equilibrados con nuestro entorno, pero el voluntarismo, egocentrismo y otras cuantas emociones aflictivas convierten en sordos nuestros oídos a lo trascendente, mientras nos autopercibimos pequeños expertos en volcanología.

Resulta curioso que en la actualidad gozamos de la previsión y provisión científica más alta de toda la historia de la humanidad. Sorprendidos y maravillados de estos avances técnicos en algunos ejemplos tan simples como impactantes: el hecho de que podamos observar desde el comedor de nuestras casas la combustión del volcán a más de 1.000 grados de temperatura, gracias a los drones, saber la temperatura exacta de las capas de lava, etcétera.

Sabemos los riesgos. Conocemos las consecuencias. Aun así apelamos a la fe, la buena suerte, la esperanza, incluso la magia estadística de que nuestra casa no será tragada por la lava, ni será la casa inundada por las lluvias torrenciales, ni destruida por el terremoto. Ni nuestra vida la finalizada por la pandemia del covid-19. Continuamos tratando el cambio climático como un concepto teórico y lejano.

El volcán nos escupe lava, que crea nuevos paisajes sobre los que nos lanzamos a especular. Rebosantes de información, cuando la reordenamos como criterios de decisión aparecen nuestros comportamientos, que de manera individual y grupal percibimos congruentes, como si la estructura más sólida de congruencia se pudiera forjar a base de la suma de sucesivas incongruencias. Defendemos cada decisión tomada como si fuera la única viable.

En ocasiones, el volcán en erupción es la empresa, que con su lava entierra la motivación, la felicidad, incluso la salud mental de las personas que se acercan a ella; arrasa los paisajes de los mercados que recorre, creando precariedad, desigualdad, incluso injusticia.

Desde la boca del volcán, en lugar de aprender y mejorar, la empresa vierte más lava para arrasar más. Destruyendo todo lo que encuentra a su paso, pero con el discurso —considerablemente débil— de que desde la destrucción también hay creación. ¿Seguimos jugando a los dioses?

Los complejos ecosistemas naturales nos envían lecciones de vida para reconstruir nuestro complejo sistema social, que por supuesto incluye el sistema económico. Pero nuestros oídos siguen sordos al mensaje, nuestros ojos ciegos al futuro que estamos co-creando desde un presente en erupción.

Una de las expresiones lingüísticas preferidas del discurso empresarial y académico es la capacidad de transferir conocimiento. El volcán ruge con fuerza y volumen hace días, pero nuestros sordos oídos van a conseguir que se quede afónico antes de aprender, transferir e implementar.

Estas reflexiones invitan a algunas cuestiones como:

¿Es tu empresa un volcán en erupción?

¿Con tu comportamiento y actitud estás convirtiendo tu empresa en un volcán activo?

¿Es tu lenguaje empresarial cotidiano la lava que quema y destruye todo lo que toca?