Sánchez y la verdad, llanamente

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Elvira Urquijo A.

22 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Engañar a los demás es un defecto relativamente vano. Lo decía Nietzsche. Maquiavelo escribió algo similar: el que engaña encontrará siempre a quien se deje engañar. La verdad ya no es lo que era. Incluso podría, en uso de la hipérbole, ir más allá: la verdad es un estorbo. Me vienen a la cabeza aquellas proféticas palabras del año 2004. Las pronunció Pérez Rubalcaba, con énfasis: «Los ciudadanos españoles merecen un Gobierno que no les mienta». Desde entonces, mucho ha cambiado la realidad. Pero no importa, España va mejor.

Es una frase óptima: España va mejor. Y más si la ponemos en justo contexto. La pronunció nuestro admirable presidente del Gobierno veinticuatro horas antes de que Bruselas recortase en casi dos puntos las expectativas de crecimiento de nuestro país. Días después continuó con la sentencia. Y prosigue. La verdad, dije arriba, es un estorbo. Sánchez se ha aupado a ese axioma y de ahí no hay quien lo baje. Dijo que convocaría elecciones después de la moción de censura. Dijo que no pactaría con los independentistas ni concedería indultos a los presos catalanes del procès: «Y les digo a los líderes independentistas que nunca significa nunca». Ahí queda eso. También dijo que cumplirían íntegramente las penas: «Siento vergüenza de que un político indulte a otro», llegó a afirmar serena y cortésmente. Aseveró que tampoco pactaría con Bildu («¿Cuántas veces quiere que se lo repita?»). Dijo que Pablo Iglesias le quitaba el sueño, y añadió la cifra exacta de españoles a los que nos sucedía lo mismo: el 90 %, concretamente. Negó la subida de impuestos. Antes había asegurado, cuando fue el golpe del virus, que movilizaría doscientos mil millones de euros ¡Ni veinte ni treinta ni cien, doscientos mil millones!

Debo tomar aliento antes de continuar. Continúo. Dijo que este año, este concretamente, un ciudadano pagaría de media lo mismo que en 2018 por el recibo de la luz. Dijo que acoger al líder del Frente Polisario en España, con pasaporte falso, era un acto humanitario. Dijo y dice que respeta la independencia del poder judicial. Podría seguir pero ya es suficiente. Usted, lector amable, comprenderá con estos argumentos que la verdad poco importa. Apenas nada. La verdad, lo escribo por tercera vez, es un estorbo en esta España falaz y políticamente correcta que hemos construido, para nuestra desgracia. Un país diferente, sin duda. Porque no hay democracia en el mundo que pueda resistir tanto y tanto embuste. El nuestro sí. El nuestro valora la verdad más que ningún otro, pero desde el 2004 hasta hoy, se le ha olvidado. Lo dijo Sánchez, con iteración incluida, en el debate del cuatro de noviembre de 2019: «No hay nada más fuerte que la verdad. No hay nada más fuerte que la verdad. Y yo por eso pido llanamente el voto». Un hombre admirable.