Herculino hercúleo

Manuel Blanco Desar PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

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22 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En este país de los hunos y de los hotros solo Europa puede salvarnos. Unamuno calificó a los hunos y a los hotros poco antes de fallecer, en diciembre de 1936. Ortega y Gasset ya vislumbró la puerta de salida al mal español, engendrado por la hidalguía y sucedido por la degradación de las élites, uno de cuyos episodios más ilustrativos fue la negación de la cátedra a Ramón y Cajal por la Universidad de Granada, en beneficio del patrocinado por el cacique doctor Calleja.

Poco ha cambiado el país, como lo acredita la reciente sentencia del Tribunal Superior asturiano, que reitera los tradicionales chanchullos para otorgar una cátedra de genética a la aspirante de la casa en detrimento de una forastera, gallega.

En este ambiente tóxico, que explica en gran medida por qué España carece de industria propia y de honores científicos internacionales, con su reflejo en el mayor paro y subempleo de Europa, no es de extrañar que modelos como Salvador de Madariaga, ilustre coruñés y progenitor de nuestra actual Unión, no merezcan la atención y difusión debidas. Honra al Instituto Universitario Salvador de Madariaga y el Instituto de Estudios Coruñeses (IEC) por mantener viva la llama de este pensador, tan odiado por el tirano ferrolano como por los potenciales tiranos revolucionarios de los hotros.