Los nombres de la lluvia

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

06 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Ahí fuera llueve como en un poema escolar de Machado y yo, a resguardo del aguacero, escucho November rain, el mítico tema de Guns N'Roses. Y constato una vez más que el otoño y la lluvia forman un binomio inseparable, y recuerdo que otro otoño pude oír, viajando en un autobús que recorría Galicia bajo un chaparrón continuo, cómo una mujer celebraba que con este, aquel, tiempo «abrían as fontes».

La belleza de cliché, de postal bucólica del otoño de ocres y paisajes dorados, es falaz. Las noches de la lluvia pertinaz de noviembre, que dejan paso a un viento nervioso que hace remolinos en las plazas, son un fracaso reiterado de la estación otoñal, con las tardes que se transmutan en noche cuando el reloj marca las seis. Y la lluvia que se obstina en dejar su presencia de agua señalando el paso de los días, y es noviembre,

Los inuits, tribu antártica de Groenlandia y Canadá tienen cien palabras para nombrar y definir la nieve. En Galicia la lluvia tiene al menos otro centenar de nombres. Es, según Borges «la lluvia minuciosa que cierra los cristales», y en el país de los mil ríos, donde todavía quedan para nuestra lengua mil primaveras, tenemos cien maneras de decir que está lloviendo. Son los chubascos, la llovizna, el aguacero, el chaparrón, la tromba o el turbión escritos en castellano; en gallego son el orballo, la barruzada, el corisco, zarzallo, salseiro o treboada, por citar solo algunas de las denominaciones locales de la lluvia.