A Casado lo vio una meiga

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

Alberto Ortega | Europa Press

03 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En tiempos de nuestras abuelas, en la Galicia profunda que diría su señoría marbellí, cuando a alguien le salían las cosas rematadamente mal, e iba de infortunio en infortunio, se le justificaba fácilmente su fatalidad. A este viuno unha meiga, se decía. Y, tras el diagnóstico, llegaba el asesoramiento de ponerse en proceso de cura para espantar el meigallo. Con dientes de ajo, pócimas o peregrinando.

A estas alturas todo hace pensar que a Pablo Casado lo ha viso una meiga. Solo así se entiende el torrente de dificultades que le salen al camino. Bien no escapa de una y ya le aparece la siguiente, en la mayoría de los casos sin moverse. Porque desde la llegada a Génova 13, lo de Casado es para sentir lástima. No hay semana que no viva un tropezón. Desde el primer día se topó con una serie de fuegos que le están amargando la existencia. Cierto que gran parte de ellos son heredados por desatinos o despropósitos de gestiones anteriores, pero fuegos al fin que obstruyen su hoja de ruta. No parece encontrar un momento para el respiro. Y tampoco la estrategia le ayuda.

Ahora, cuando las encuestas le favorecen y mientras se esfuerza por alejarse de la última sentencia condenatoria por corrupción del partido, es incapaz de frenar la sublevación de Díaz Ayuso, empeñada en hacerse con el control del PP madrileño. En Génova no quieren ni pensar en ello porque saben de las ansias desmesuradas de la presidenta y entienden que es un primer paso para desbancar al propio Casado. Tras idas y vueltas y bloqueándose los wasaps como adolescentes enamoradizos, un informe da la razón a Ayuso, lo que viene a complicar aún más el día a día del líder. Y de mantenerse las posturas, el encontronazo puede acabar como el rosario de la aurora. El frente abierto tiene difícil solución y la ruptura entre Sol y Génova parece irreversible.