La Europa que no quiere ver

OPINIÓN

MICK TSIKAS | Efe

23 sep 2021 . Actualizado a las 09:08 h.

La Guerra Fría, que no fue más que la lenta digestión de la Segunda Guerra Mundial y de sus complejas paces y armisticios, se resolvió finalmente en una confrontación de dos órdenes mundiales -preconizados por EE.UU. y la URSS- que aspiraban a ser dominantes. En ese contexto, mientras Occidente generó una enorme expansión de la riqueza y de las democracias avanzadas, la propuesta colectivista se plasmó en radicales dictaduras y utópicas revoluciones que, fracasadas unas veces, o resueltas en la contradicción sistémica que ahora lidera China -enriquecerse como los capitalistas y gobernarse como los comunistas-, acabaron aceptando, de acuerdo con el pronóstico de Fukuyama, que el orden mundial iba a situarse mucho más cerca del capitalismo competitivo que del colectivismo ineficiente que, ya con Gorbachov, dio al traste con el liderazgo de la antigua URSS.

Pocas dudas caben de que los grandes beneficiados de este proceso fueron la antigua Europa Occidental y la actual UE, que, tras haber generado el criminal desorden mundial de la primera mitad del siglo XX, y habiendo llevado al mundo a la más cruel y degradada ola de terror, racismo y xenofobia que recuerda la historia, salimos de aquella catástrofe mediante una fulgurante reconstrucción moral y económica que nos ha convertido en el mejor y más justo espacio habitable que existe sobre la Tierra.

Así las cosas, sería de muy mal nacidos -y me temo que andamos en ello- olvidar que la creación de este orden político y económico tan envidiable tuvo como principal actor a los Estados Unidos, que, más allá de su decisiva intervención en la guerra y en la paz, y de compartir la victoria sobre el nazismo con el mismísimo Stalin, pusieron el dinero de la reconstrucción, garantizaron la seguridad que nosotros no podíamos gestionar, crearon las instituciones -OTAN, ONU, FMI y OMC- que fueron claves para esta carrera, y sostuvieron con su dinero, su prestigio/desprestigio, y sus muertos el pacífico orden que seguimos disfrutando. Por eso considero que, más allá de los aciertos y errores que jalonan este proceso, carece de sentido que, cuando los puntos calientes de la política internacional están cambiando de lugar, y cuando a EE.UU. se le abren otros frentes muy difíciles que nosotros en ningún caso podríamos afrontar, desfiguremos la política atlantista hasta el punto de olvidar que a nosotros nos vino de perlas, que hemos estado en ella como auténticos gorrones, que llevamos varias décadas jugando a dos barajas, al poner en circulación un pacifismo de ricos que contradice nuestros intereses diplomáticos y militares, y que nos impide generar, ejecutar y pagar una política común de exteriores y defensa que supla el caos y la subrogación de deberes en los que nos estamos hundiendo.