¿Será La Palma un lugar habitable?

Pablo Núñez Fernández DELEGADO DEL COLEGIO DE GEÓLOGOS EN GALICIA

OPINIÓN

María Pedreda

22 sep 2021 . Actualizado a las 08:42 h.

Escuchaba el lunes por la mañana a un conocido presentador radiofónico en su programa diario preguntar a sus contertulios su opinión sobre el volcán de La Palma. Todos, prudentemente, rechazaban opinar del fenómeno en sí, por considerar que eran los expertos los que debían hablar, y así lo hizo al rato mi colega David Calvo, del Instituto Volcanológico de Canarias, que enseguida explicó con claridad y muy didácticamente lo que estaba sucediendo en la isla. A esa pregunta del presentador, solo un comentarista se atrevió a dar una respuesta, pero no desde el punto de vista científico, prudente como sus compañeros, sino desde el punto de vista que el sí domina y en el que es experto. Consideró que lo que estaba sucediendo era la noticia perfecta, por alcance, por espectacularidad, por novedad, por plasticidad y estética. Los medios de comunicación cuentan estos días casi minuto a minuto lo que sucede en La Palma y lo que Cumbre Vieja nos está enseñando. Pero, como geólogo, más allá del tremendo drama social y económico que supone la erupción de un volcán en una zona habitada, me pregunto qué conclusiones científicas, técnicas y políticas hemos de sacar cuándo el espectáculo mediático termine pero las consecuencias de los vómitos de lava de Cumbre Vieja permanezcan. Porque los tiempos geológicos son muchísimo más extensos que los mediáticos.

De momento sabemos que la ciencia y la tecnología han y están funcionando. Gracias a la investigación científica y a los avances tecnológicos que dotan de herramientas precisas a los científicos se ha sabido con tiempo suficiente que el volcán entraba en erupción y se han podido tomar las medidas de prevención pertinentes para poner a salvo a la población; ahora se están pudiendo controlar las coladas de la lava, en qué lugares se pueden generar deslizamientos, a qué velocidad van o qué materiales la componen; se puede medir el comportamiento de los flujos piroclásticos, las emisiones de gases, la llegada o no de la lava al mar y los efectos de las nubes de vapor de agua que podría producir. En los próximos días podremos tener predicciones más certeras sobre la duración de la erupción, los millones de metros cúbicos de lava que finalmente saldrán a la superficie… Se podrán así tomar medidas para minimizar la catástrofe y evitar, como mínimo, la pérdida de vidas humanas.

Pero la ciencia y la tecnología no pueden parar la evolución de la naturaleza. Y nada se podrá hacer para cambiar los efectos, que sí o sí, quedarán una vez que Cumbre Vieja decida dormirse de nuevo. Veremos entonces un nuevo suelo geológico, con una topografía diferente y una tierra que será inicialmente yerma para cultivos, pero que en un futuro no muy lejano será tremendamente fértil.