Concesión, divino tesoro, y su gestión

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

María Pedreda

26 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Se acierta al observar todo lo que se encierra en las leyes de aguas, de costas, de vientos o de sol, incluso del gas natural, o minería, por citar las que regulan y amparan, o al menos condicionan, el uso de recursos naturales. Por eso impacta que, disparado el precio de la energía, y energías hay muchas, determinados embalses se hayan vaciado -con conocimiento o no de la confederación hidrográfica correspondiente- hasta límites lesivos para lo público.

Las leyes del agua sucesivas pusieron a cero los 75 años de concesión, concesión asociada a una fuerte inversión privada, en 1985, y lo confirmaron en el 2001. Un sucinto repaso a nuestra historia industrial y financiera nos ayudará a comprender el enredado panorama de la energía a partir de la nacionalización socialista de la red eléctrica en 1983 y el endeudamiento brutal de las eléctricas entonces, paliado con la moratoria nuclear que aún nos condiciona y otras medidas, para continuar en el 2005 con la OPA a Endesa de Gas Natural y lo que vino.

Pero si tal sucede con los embalses y la energía, no dudemos que algo semejante se observa en el espacio marítimo terrestre. Precisamente por ello, la ley de costas de 1988 fue reformada en el 2013. Para atender también las concesiones y sus prorrogas, que han sido objeto de reivindicaciones. Hasta el extremo de que se han sumado las comunidades de montes en mano común, que solicitan no verse limitadas en sus actividades en la franja de protección de costas establecida por ley, salvo para el caso de «actividades peligrosas». El caso más estridente en este dominio es el de Celulosa de Pontevedra, que luego del éxito de la prórroga de la concesión por el Gobierno popular sufrió un duro golpe con una primera resolución judicial que la anulaba.