¿Es ir a los bares un derecho?

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

César Arxina

11 ago 2021 . Actualizado a las 09:09 h.

Cuando en un país hay que dar respuesta a preguntas peregrinas porque gran número de personas las plantean, podemos dar por seguro que algo extraño ocurre en él. Entre las muchas fantasías que atenazan hoy a España hay una verdaderamente singular: la idea demencial, pero extendida, de que todo lo que hacemos de forma habitual puede y debe ser considerado un derecho subjetivo.

Un ejemplo: el otro día una señora mayor, que por lo que se veía disfrutaba con frecuencia de los viajes del Imserso, proclama airada, ante un posible retraso de la oferta pendiente, que ella «tenía derecho a viajar», lo que es cierto (pues aquel nace de su libertad de movimientos), aunque no lo es que tenga derecho a hacerlo a cargo del Imserso, prestación social (que no derecho) sujeta a numerosas condiciones, desde las disponibilidades presupuestarias hasta la salud de los solicitantes.

¿Tenemos un derecho subjetivo a entrar en un local abierto al público? En absoluto: tenemos una libertad general de movimientos que nos permite acceder a ellos, siempre que cumplamos las condiciones previamente establecidas: desde abonar una entrada, cuando es preceptivo, hasta vestir o no vestir de una manera determinada o no ir acompañados de animales, salvo allí donde se permiten (perros, generalmente, pero no recuas de pitos).