La Fundación Barrié y la catedral

OPINIÓN

XOAN A. SOLER

09 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Dado que el Gobierno de España está de vacaciones, y que las amplias secciones que dedican los medios de comunicación a las contradicciones, matices y rectificaciones que se hacen mutuamente los 22 miembros del Consejo están vacías, he tenido tiempo para repasar algunos hitos de la especial relación que tuvo la Fundación Barrié, que ahora dirige José María Arias, con la basílica catedral de Santiago, el monumento más universal de Galicia, y centro generador de esa identidad que ni se compra ni se vende, y que se construye con tenacidad y estabilidad a lo largo de los siglos.

Los motivos de mi comentario son tres: la restauración del coro pétreo del Maestro Mateo (1995-1999), que ahora se exhibe, espléndido y fascinante, en el museo catedralicio; la reciente restauración del Pórtico de la Gloria (2009-2020), y el excelente y precioso libro que -con el título Pórtico de la Gloria. Una restauración- acaban de publicar la editorial Assouline y la propia Fundación Barrié, que, en sus 220 páginas y 150 imágenes de alta resolución, recoge los estudios previos, la pauta científica y los delicados procesos de restauración de esta obra universal, de valor incalculable, cuya imagen representa para todos los europeos que han leído más de un libro una de las referencias fundacionales del paraíso social, económico y político que hoy habitamos.

Que la Fundación Barrié haya asumido tan complejas y costosas restauraciones -que en modo alguno impidieron sus restantes aportaciones a la cultura, la educación y el patrimonio material e inmaterial de Galicia- da cuenta del ejemplar criterio que ha seguido esta institución a la hora de cumplir con su compromiso, de impecable naturaleza cívica, a la creación y conservación de lo que, desde el Estatuto de 1981, llamamos galeguidade, a los soportes materiales de nuestra identidad y de nuestra historia, y a los símbolos que, construidos con materiales tan sutiles como la belleza, la fe y el tiempo, perviven, generación tras generación, de forma consciente o subconsciente, en las raíces culturales del fogar de Breogán.