Túnez, el último rescoldo

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

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01 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Las elecciones parlamentarias tunecinas del 2019, con una participación de tan solo el 41,72 %, la más baja desde el derrocamiento de Ben Alí en el 2011, se caracterizaron por la gran fragmentación del voto. El partido de Ennahda, con el 19,5 % o 52 escaños en un parlamento de 217, fue el partido que consiguió más votos. Le siguió Qalb Tunes con el 14,5 % o 38 asientos y el Partido de la Corriente Democrática con 22 escaños. Los tres siguientes lograron entre 16 y 21 asientos cada uno. 

La debacle de Nidaa Tounis, el partido secularista que había logrado 86 escaños en el 2014, y que solo arañó tres en el 2019, supuso que entre las siete fuerzas más votadas no hubiera ninguna que no fuera islamista.

La baja participación y la fragmentación fueron las señales más evidentes del descontento de la población con la clase política que había generado tantas expectativas tras la Revolución de los Jazmines. El apoyo en el 2019 a un candidato presidencial independiente, con una campaña modesta, como es Kaïs Saied, quien obtuvo el 70 % de los votos en la segunda ronda electoral, puso en evidencia que sus promesas de luchar contra la corrupción convencieron a los votantes, la mayoría jóvenes, en un país donde la grave crisis económica ha ido agravándose hasta alcanzar el 30 % del desempleo.