Tregua de agosto

OPINIÓN

monica ferreiros

Se me había olvidado que los liliputienses empezaban guerras interminables por motivos tan cortos como su estatura: si los huevos cocidos debían abrirse por el lado ancho o por el más agudo. Odios sarracenos, si se permite aún esta expresión, en asuntos menores que generan también hoy trincheras quizá desproporcionadas. Todos los días se suma una discusión de este cariz que levanta en armas siempre a los mismos, pese a los desafíos imponentes que aguardan respuesta solidaria. Que si hubo golpe de estado en 1936. Mira tú, a estas alturas. D’Ors decía que había sido un levantamiento contra una insurrección. Es decir, casi un golpe contra un golpe. Pese a su exactitud, esa descripción tiene el defecto del equilibrio, cualidad que pocas inteligencias aprecian. No voy a discutir por eso, sépase. Y me parece bien que se diga «matria» en vez de «patria», aunque el concepto «paterno» engloba lo materno. No así al revés. Nadie entiende por hogar paterno la casa del padre, sino la de los padres, y por hogar materno se entiende el de la madre. Da igual, me parece bien. Si acaso, aunque el equilibrio no se lleve, como «patria» es femenino, «matria» podría ser masculino: «el matria», sugiero. Feo, ya sé, pero cualquier cosa que nos desatasque, que nos facilite mirar a los demás sin sospechar que alguien es machista porque, siguiendo la lógica de la economía del lenguaje, en lugar de utilizar todos los géneros en enumeración aburrida, va al grano con la palabra que hasta hoy se utilizaba como genérico. Tampoco discutiré sobre esto ni levantaré una bandera liliputiense. Prefiero enarbolar la de la amistad social tan reclamada por Francisco y tan necesaria. Y más en agosto.

@pacosanchez