El dilema del chuletón: ganadería intensiva y extensiva
OPINIÓN
¿Chuletón sí o no? Ojalá la solución a la crisis del campo, climática y de salud fuese así de sencilla. Pero no lo es.
Pandemias, cambio climático, despoblamiento... La clase política no entiende que son asuntos ligados a un sistema alimentario fallido. La forma mayoritaria en la que producimos y consumimos alimentos afecta a nuestra salud y la del planeta. La intensificación agraria está agotando ríos, desertificando suelo y deforestando, para producir más alimentos de los que necesitamos y acabar tirándolos. A esto se une el aumento de enfermedades por dieta inadecuada y su coste sanitario. Sin olvidar el abandono de las fincas de mayor valor socioambiental, de las que el pastoreo es bandera.
Sobre la carne, asumiendo las recomendaciones de los expertos -menos ingesta y más calidad-, el tema se complica al meter en el mismo saco la ganadería industrial y la extensiva. Y no es lo mismo. La ganadería industrial tiene una gran huella ambiental al depender de combustibles fósiles y piensos importados, con un coste inasumible para personas, animales y ecosistemas. Mientras, la extensiva aprovecha con razas locales los recursos naturales, respetando el bienestar animal. Crea empleo, provee alimentos sostenibles, apoya la soberanía alimentaria y reconecta campo y ciudad. Su desaparición afecta a los pastos -importantes sumideros de carbono- y aumenta el riesgo de incendios. El pastoreo es imprescindible para lograr los objetivos del Pacto Verde Europeo y los del Acuerdo del Clima de París.
El problema es que los ganaderos extensivos se ahogan en burocracia y no ven salida para sus producciones en el mercado. Compiten en desigualdad con la ganadería intensiva, sin apoyo de las políticas públicas, en especial de la PAC, para mantener una renta digna.
En WWF trabajamos por una ganadería extensiva con futuro, promoviendo, a la par, una alimentación sana y responsable: más fruta, verduras, legumbres y la carne, para quien la elija, de pastoreo. Para lograrlo pedimos una Estrategia Estatal por la Ganadería Extensiva, que diferencie la carne intensiva de la extensiva con etiquetado claro, asegure precios justos y apoyo público para los extensivos. Que reconozca la labor de las pastoras, impulse la ganadería ecológica y pare las macrogranjas. Pero el debate seguirá siendo qué alimentación queremos y qué agricultura y ganadería necesitamos.
En Galicia aún es fácil ver ganado en el campo, pero si damos una vuelta por tierras castellanas evitaríamos debates frívolos y comprenderíamos que la cosa no va solo sobre un chuletón, sino sobre cómo, dónde y quién lo ha producido.