Se nos fue Álvarez Corbacho

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

ALVARO BALLESTEROS

24 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Se nos fue, a cuantos le queríamos y admirábamos, a cuantos abusábamos de su humildad cordial y buscábamos el contagio de su sabiduría, Xoaquín Álvarez Corbacho. Y de repente, cuando te dan la noticia, aparte de una punzada de dolor, te asalta un sentimiento de culpa. Al igual que cuando se muere un abuelo o un amigo, lamentas el abrazo que no diste, las palabras que no pronunciaste, las preguntas que no hiciste. Es la penitencia del egoísta que reconoce, cuando ya es tarde, una relación asimétrica: recibió mucho y correspondió con muy poco.

Esa es la sensación que me embarga. Durante casi medio siglo compartí ilusiones y proyectos políticos con Xoaquín, discutimos sobre lo divino y lo humano, y aprendí de su boca y sus escritos el abecé de las haciendas territoriales y de la economía municipal. Y al final de esa relación, intensa aunque intermitente, se me escapó la esencia del ser humano. No conozco a su familia ni escudriñé nunca, más allá de las ideas, en sus inquietudes personales ni en sus sentimientos íntimos. Ni siquiera sabía, hasta ayer, que había sido futbolista del Celta de Vigo. Solo hablábamos -¡pobre de mí!- de temas «importantes».

Lo conocí en los estertores del franquismo. Yo dirigía A Voz do Pobo, órgano del PCG que imprimíamos clandestinamente en Vigo, y allí publicó Xoaquín algunos escritos. Intimamos durante la campaña de las primeras elecciones municipales, en 1979, cuando Álvarez Corbacho se convirtió en el primer alcalde democrático de O Grove. Uno de los tres alcaldes comunistas de Galicia, tomó posesión en un abarrotado salón de plenos y en medio del estruendo de bombas de palenque. Durante su breve mandato se produjeron en O Grove dos acontecimientos relevantes. El veraneo de Adolfo Suárez en la finca La Atlántida, donde los dirigentes gallegos de UCD, encabezados por Antonio Rosón y José Luis Meilán Gil, le hicieron saber al presidente que no permitirían un Estatuto de Galicia de segunda división. Y, en el ámbito local, el acuerdo entre el comunista Corbacho y la condesa de Fenosa: el grupo Pastor cedía parte de la isla de A Toxa -zonas verdes, carreteras interiores y 10 % del suelo edificable- al concello de O Grove.