Muchas gracias, señor Junqueras

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

DAVID ZORRAKINO - EUROPA PRESS

08 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El Gobierno, y por extensión España entera, ha entrado en ese momento surrealista en el que ya no se trata de que quienes han perpetrado un golpe de Estado y han sido condenados con todas las garantías judiciales y de acuerdo a las leyes vigentes vayan a ser absueltos de toda culpa, como quien borra el pecado original en la pila bautismal, sino que son los propios sediciosos los que perdonan la vida al presidente del Gobierno, y por extensión a todos los españoles, admitiendo que se les otorgue el indulto como quien acepta llevar una cruz, pero dejando claro que ni lo quieren, ni en nada cambiará eso la hoja de ruta que los llevó a la cárcel.

Oriol Junqueras, el líder de ERC que encabezó el mayor ataque a la Constitución de la democracia, ya no le dice al presidente del Gobierno y a sus ministros que se metan el indulto «por donde les quepa», como sostuvo en el año 2019. Junqueras acepta ya ser indultado. Y ese es un gesto de extrema generosidad que, según el Ejecutivo, los españoles deberíamos agradecerle porque, al fin y al cabo, tal y como nos explicó Pedro Sánchez, con Junqueras y sus conmilitones del procés lo que se hizo no fue impartir justicia, sino aplicar la «venganza y la «revancha». Y bastante hace fray Junqueras, en su encomiable benevolencia, con absolvernos a todos y permitirnos que contribuyamos, aunque sea en el margen de nuestra insignificancia y nuestra absoluta ignorancia, a «aliviar el conflicto» borrando cualquier rastro delictivo de su historial judicial.

«No creo que tarden mucho», asegura sobre los indultos el ministro de Política Territorial, Miquel Iceta, ante la impaciencia e indignación de Junqueras por la tardanza con la que el Gobierno de Sánchez está abordando la ineludible tarea de pedir perdón a los sediciosos del procés condenados, dejarlos libres de toda mácula y quién sabe si incluso indemnizarlos por las penurias pasadas. Porque ya no se trata de librarlos de la prisión, dado que hace tiempo que cumplen su pena en condiciones que ya quisiera para sí Pablo Escobar en La Catedral, la cárcel que se construyó a su medida en Antioquia cuando decidió entregarse a la Justicia colombiana, sino de dejar claro que con ellos se ha cometido una injusticia que es necesario resarcir. Ahora, por fin, gracias a la magnanimidad de Junqueras, será posible que él y Carles Puigdemont sigan pisoteando los derechos de la mitad de los catalanes e imponiendo su voluntad al resto de españoles sin que nadie pueda reprocharles nada. Porque todo ello ya no se hará por la vía «unilateral», sino que será el Gobierno de España el que lo tendrá que hacer por la vía «bilateral». Esa es la tesis.

El paso lógico después del enorme sacrificio personal que implica el aceptar ser indultado, sería que Sánchez aprovechara la crisis de Gobierno para nombrar a Junqueras ministro de Plurinacionalidad, para que dictara así ya de forma oficial, y no indirecta, como ahora, cuál debe ser la administración territorial de España o qué impuestos debe pagar un gallego o un madrileño para financiar a Cataluña. Muchas gracias, señor Junqueras. Y perdón por las molestias.