El arte de la exclusión

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

I.Infantes.POOL

31 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

No es fácil, pero han sido capaces de ejercitar su virtud con maestría. Su arte consiste en dominar un espacio ético que solo ellos, en su patente altivez, pueden alcanzar: «la buena sociedad». Presumiblemente. Y digo «presumiblemente» como si fuese una oración, entre punto seguido y punto seguido, con todo su rigor y su sentido. Quiero decir que presumen de ser los más justos e igualitarios con sus modas y modales políticamente correctos, pero cuando se apartan del foco, ya no lo son tanto. ¿Imaginan ustedes a los patriarcas y matriarcas de la hipercorrección hablando del mismo modo mientras se toman unas cervezas?: «Compañeras y compañeros estamos todas y todos reunidos y reunidas para tomar unas cervezas y unos pinchos, y unas pinchas de tortilla estatal (porque la palabra “español” no es del agrado de los socios nacionalistas)». Parece una broma. Y lo es. Porque, como dije, lejos de los focos y micrófonos y públicos, el progresismo se desvanece como la niebla, aquella a la que Hermann Hesse consagró un hermoso poema. Acababa diciendo: «Vivir es estar solo». Y uno cada vez se encuentra más solo en esta batalla que la socialdemocracia y las ideologías de género y los colectivos LGTBI y los que fueron las mareas y los que son Podemos y los benegás y los errejones y sus mil etcéteras perpetran contra la gramática. Defiendo la gramática, aunque el escritor debiera ser enemigo de la misma (García Márquez). La defiendo porque ella no tiene la culpa de la realidad. La gramática no es de derechas ni de izquierdas, ni machista, ni excluyente. Excluyentes son los que hablan en femenino, ante micrófonos y cámaras, y discriminan a los hombres. No al revés. Excluyentes son los que llaman a un partido «Unidas Podemos» ¿Por qué? Porque la gramática, a día de hoy, sostiene la validez del masculino genérico. Por lo tanto, los militantes de Podemos son todas mujeres. Los «unidos» no han lugar en tal espacio político. Las «unidas», sí.

Propuse que se crease el femenino genérico y asunto arreglado. Pero la gramática y el lenguaje beben en su propia evolución, no impuesta sino natural. El artificio sobra. Estos son tiempos de artificio y mentira. Las reglas de la izquierda valen para la derecha, no para ellos. La corrupción solo existe en el otro lado. La libertad, al revés. Son amigos de toda revolución, pero prefieren vivir en España. Fieles al dogma. Me recuerdan a Georgy Leodinovich Pyatakov, aquel que dijo: «Si el Partido se lo exige, un auténtico bolchevique debe estar dispuesto a creer que el negro es blanco y que el blanco es negro». Pobre. Stalin acabó con él. Porque a algunos, en su afán totalitario, ni la mentira les basta.

Termino. Con lo antedicho quiero significar que todo esto no es asunto baladí, aunque la democracia cristiana y el conservadurismo y el liberalismo así se lo tomen. Se está «reeducando» desde la exclusión, no desde la inclusión: si no piensas en clave «políticamente correcta», te separan de la «buena sociedad». Porque los buenos solo son ellos (y ellas y elles). Y punto.