Al presidente Sánchez podrán hacérsele muchos reproches, pero nunca el de que no mira por nuestro futuro. Incluso más allá de lo razonable. Cuando la mitad ya no estemos y la otra mitad esté calva. Por eso se antoja innecesario el tiempo y el esfuerzo realizados en la elaboración del plan España 2050 en el que se nos explica el país que se pretende para ese tiempo. Un país tan idílico que hasta sus responsables abrieron la presentación con una cita de Alicia en el país de las maravillas.
Nadie de cuantos moramos la España actual rechazamos un país futuro sin pobreza y desigualdad, a la vanguardia de la educación, con ciudadanos más preparados, un mercado laboral a la altura, sin desequilibrios territoriales, unos hábitos de consumo diferentes a los actuales y un envidiable estado de bienestar. Vamos, una España antagónica a la actual. Para eso no era necesario estudio alguno.
En unos tiempos en los que el mundo registra vuelcos en cuestión de días, es un ejercicio inútil utilizar las dotes adivinatorias para avanzar el futuro a tan largo plazo. Por eso es difícil conocer la pretensión del Gobierno de aventurarnos cómo vamos a vivir en el 2050 y qué va a ocurrir entonces, si desconocemos lo que acontecerá la semana que viene. Hablamos del mañana cuando lo que hay que hacer es saber cómo vamos a salir del laberinto sanitario, laboral, económico y social en el que estamos. Que es lo importante. Con un buen presente, siempre habrá un gran futuro.
Del valor y la utilidad de los estudios adivinatorios sabemos mucho los gallegos. Hace unos años nos predijeron que Galicia crearía 100.000 nuevos empleos, reduciría el paro al 10%; duplicaría el gasto en I+D y retomaríamos la senda del crecimiento demográfico, haciendo del nuestro un territorio atractivo para trabajar, invertir y convivir. Y así estamos. Tal cual.
¿Qué interés tiene pues un papel que nos relata cómo pretendemos vivir dentro de 30 años si no nos enteramos de algo tan previsible como el ataque del hijo adoptivo marroquí? Mirar el futuro es loable, pero más nos preocupa el presente. Así que vamos a dejarnos de cuentos de la lechera y vamos a lo importante. Que es resolver el mañana por la mañana.