No, la legislatura no empieza ahora

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Ballesteros | Efe

12 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Nadie como Yolanda Díaz ha expresado con más claridad, y me atrevería a decir también que con más ingenuidad, el espíritu con que el Gobierno pretende enfrentar la tunda que el PSOE, en particular, y la izquierda en general sufrieron en las elecciones madrileñas. Como quien creyera cándidamente que es posible hacer borrón y cuenta nueva tras el período más negro de nuestra etapa democrática -el del covid-19 y sus demoledores efectos en la salud y la economía de millones de españoles-, la vicepresidenta anunció, semblante feliz, la buena nueva: «La legislatura -proclamó convencida- empieza ahora.

Para entendernos, el relato que el Gobierno nos prepara es evidente: la legislatura que debemos tener en cuenta a la hora de juzgar su gestión no se abrió hace cerca de año y medio, sino que comenzará próximamente, con el fiestorro keynesiano que estallará a la vez que el chupinazo que marque la llegada de las primeras remesas de fondos europeos. Yo deseo, claro, como el que más, que el avance de la vacunación y las ayudas de la UE impulsen, mejor antes que después, el comienzo de la salida de la angustiosa situación que atravesamos. Aunque he de reconocer, también, mi muy escasa confianza en que este Gobierno pueda guiar ese complejo proceso con la necesaria responsabilidad y habilidad, pues ambas han brillado por su ausencia a la hora de dirigir la lucha contra el covid-19 y sus consecuencias económicas.

En todo caso, y sea cual fuera el resultado de la segunda parte de la legislatura, la primera, que explica en gran medida la paliza de Madrid, forma parte central de la ejecutoria de un Gobierno que ha sido de los peores de la UE, si no el peor, en la gestión sanitaria de la pandemia y el que carga con más terribles consecuencias económicas. La proporción de fallecidos e infectados respecto de la población, por un lado, y la caída del PIB y del empleo, por el otro, lo demuestran de un modo incontestable. Pretender, por eso, que tal desastre pase a la historia como si no hubiera existido, cuando cientos de miles de familias no podrán olvidar jamás la pesadilla que han vivido desde marzo del 2020, no solo es humanamente desmesurado, sino democráticamente inaceptable.

En los dos últimos días Sánchez ha vuelto a insistir en que las comunidades disponen de mecanismos más que suficientes para adoptar medidas restrictivas de los derechos personales. Por el contrario, su ministro de Justicia escribía en un artículo de prensa que sin estado de alarma no puede haber toque de queda, pero se desdecía por la tarde. Mientras, Iceta, ministro de Política Territorial, animaba a los gobiernos regionales a solicitar la declaración del estado de alarma, que Sánchez se ha negado en redondo a prorrogar. ¡Un pandemonio!

Todo ello, como el esperpento que ha caracterizado la gestión gubernamental de la pandemia, forma parte de la legislatura. Y todo ello hace prever lo que, de seguir con esta tropa, y pese a los millones de Europa, aún nos queda por sufrir.