Alegría y nostalgia


Estos días estoy disfrutando de lo lindo. Creo que nunca antes se habían concentrado en tan poco tiempo novedades literarias de José Antonio Marina, Victoria Camps y Adela Cortina.

Las personas que amamos la buena filosofía, la reflexión serena y los diálogos para el encuentro estamos de enhorabuena. Porque eso es lo que nos proporcionan dichos autores.

Debería ser obligatorio que nuestros dirigentes políticos tuviesen cada día, al menos, una hora de lectura de libros como los señalados. Solamente conozco el caso de Romay Beccaría, quien, como buen ilustrado que es, regalaba ensayos a los miembros de su equipo y luego les preguntaba por su contenido.

Pero la alegría, en no pocas ocasiones, da origen a una posterior nostalgia. Eso me acaba de pasar a mí. Porque de repente, en un apego a la realidad, me di cuenta de que José Antonio Marina va camino de los 82 años, Camps acaba de cumplir los 80 y Cortina tiene 74 años.

Junto a Diego Gracia, que está a punto de cumplir también los 80 años, formaron una generación de pensadores españoles absolutamente impresionante, de referencia, justo cuando más lo necesitaba nuestro país.

Ahora miro a mi alrededor… y qué quieren que les diga, que me invade un profundo vértigo y desasosiego porque no detecto nada parecido.

Hay autores buenos, sin duda. Algunos incluso consiguen vender más de una edición de sus obras y son muy activos en Twitter. Pero no son maestros. Y no es que España los necesite menos que hace 30-40 años, no hace falta más que asomarse a los telediarios para constatarlo.

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