Una deriva arriesgada

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

Rodrigo Jiménez | Efe

03 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Vamos a vivir siempre en este estado de crispación y enfrentamiento, o vamos a ser capaces de regresar a la cordura? Esta es una de las cuestiones trascendentales que debemos plantearnos, después de meses y meses instalados en la hostilidad, el desafío y las amenazas. Porque parece como si hubiésemos normalizado las provocaciones, las trifulcas y la violencia verbal y la no verbal; sabiendo que la violencia dialéctica es la antesala de la furia más cruel.

Como en todo, también en nuestra convivencia se van superando etapas. Y cuando creíamos que ya no era posible dar un paso más hacia la intolerancia y el odio, resulta que aún queda espacio para hacerlo. Pasamos del dóberman, del chantajista, histérico y oportunista, y del chusquero de la política, a acusar de promover la pederastia y ser socios de los terroristas. Nos escandalizábamos cuando Alfonso Guerra calificaba a la derecha de minar la convivencia. Pura candidez.

Y esa escalada verbal, esa permanente descalificación, ha dado paso a un clima general de desprecio y rencor que se traduce en la recuperación de la retórica guerracivilista, incidentes permanentes en la campaña electoral de Madrid y amenazas de muerte a diestro y siniestro, al mejor estilo de la mafia calabresa, la llamada Ndrangheta, que también intimida enviando balas a sus amenazados. Interesadamente se lo achacan a seres trastornados, como si estos no hubieran causado cientos de muertos. También Anders Breivik, que mató a 77 personas en Noruega, fue calificado como enfermo mental. Y esto ocurre cuando luchamos denodadamente contra una pandemia que se ha llevado por delante a cien mil personas y cuando debíamos tener todos los esfuerzos concentrados en esa batalla.