El «tío» del que usted me habla

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

J. Hellín. POOL

01 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Felipe González mantuvo una conversación para publicar como pódcast con su antiguo colaborador Ignacio Varela. La charla no se encontrará en la Red hasta el próximo día 6, pero se adelantaron algunos de sus contenidos. Según Varela, muy sacados de contexto, porque varios periódicos entendieron que una frase del expresidente («cuando todo está mal, aparece ahí un tío y dice que todo está bien y que el futuro es cojonudo») es una crítica a Pedro Sánchez. Podría haberlo sido, porque encaja con la actitud del personaje, pero parece que es una reflexión general, aplicable a cualquier gobernante. Si González la dice es porque compara a ese «tío» con Angela Merkel, que, después de trece horas con los representantes de los länder, comparece a altas horas de madrugada a confesar la verdad: «Estamos muy mal». Esa confesión de la canciller es para González el modelo de buen gobierno. Y creo que para cualquier ciudadano también.

Sin embargo, la mayoría de los gobernantes tienden, efectivamente, a mostrar un panorama risueño del estado del país. Seguramente no sea voluntad de mentir. Es que están rodeados de pelotas que justifican lo injustificable para mantener sus prebendas. Es que sus equipos piensan que al jefe hay que presentarle un panorama positivo para que no se deprima. Es que no existe autocrítica. Es que entienden que lo negativo desprestigia. Es que siempre hay algún dato sonriente al que se agarran. Y es que suele funcionar un resorte: hable yo bien de mi trabajo, que mal ya lo hará la oposición.

A veces funciona, como le funcionó a Aznar y su grito de «España va bien», pero es que los indicadores que llegaban a la población coincidían con su mensaje propagandístico. No había un choque frontal entre lo que decía el presidente y la percepción ciudadana. El caso contrario es el de Rodríguez Zapatero y su negativa a aceptar la existencia de la palabra crisis. Esa actitud, cuando los indicadores contrarios eran clamorosos, fue la causa del deterioro de su prestigio. Zapatero abandonó la gobernación del país creyendo que «el pesimismo no crea empleo». El optimismo pertinaz y no justificado tampoco ayuda mucho.