Saber perder


Hace un par de semanas pasé un rato jugando (en el sentido lúdico, que ya no estoy para el deportivo) al voleibol. Fue un poco de peloteo, durante el que quise convencerme a mí misma de que la torpeza era culpa de la mascarilla y no de los taitantos años sin jugar. En cuanto toqué el balón, golpeé con los antebrazos y coloqué no pude evitar recordar a mi entrenador, Rafa, y a todas mis compañeras de equipo. Yo era la peor. Pero de largo. Y nunca tuve ningún éxito en la cancha. Pero me lo pasaba genial. Estaba deseando que llegara el entreno y no era ningún esfuerzo madrugar el sábado para ir a jugar. Guardo, en forma de victorias y derrotas, muchas lecciones, como la del esfuerzo y la del trabajo en equipo.

Hace solo unos días que una ourensana, Raquel Carrera, hizo historia al ser elegida en el puesto número quince del draft de la NBA femenina. Dos de sus entrenadores en categorías inferiores recordaban esta semana su forma de ser: «Siempre estuvo pendiente de sus compañeras, ayudando cuando todo iba bien, pero también cuando iba mal. Sabiendo ganar y sabiendo perder». Solo por cosas como esta debería ser obligatorio practicar un deporte en equipo. Porque cuando juegas -estés en la cancha o estés en el banquillo- aprendes muchas cosas: a comprometerte, a ceder, a ser líder, a colocarte en un segundo plano, a sacrificarte, a disfrutar, a arriesgarte, a ser cauto, a hablar, a callar... y, como Raquel, a ganar y a perder. Por eso esta ourensana de 19 años es un ejemplo para los niños de la base. Su trayectoria, aún con mucho recorrido por delante, puede servir para que sepan que antes de soñar con la NBA hay que fallar muchos tiros libres, ir a por la bola y volver a intentarlo. Nos iría mejor. Y no solo en el deporte.

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