No digas que fue un sueño

Eduardo Riestra
eduardo riestra QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

04 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Y si se piensa bien, estas pasiones de ahora, las pandemias, las ansias de poder de los políticos -que no son más que peleas de contables por ver quién maneja el dinero-, las patrias, las razas, las fronteras, el color de los tejidos -el textil por el que antaño se moría en las batallas-, todo esto se acaba con apenas una leve subida de la temperatura. 

El amor y el sexo, que dan alas a las mayores epopeyas de los hombres, toda la poesía. Aquellos que llevan años ensayando contra las teclas del piano, violentamente, a Rachmaninov. Aquellos, como Bach, que han conseguido que cuando el aire vibra de una cierta manera los pelos de la nuca de los hombres se ericen y el placer o la pena los anegue como las pleamares de septiembre. Los edificios modélicos de Le Corbusier y de Alvar Aalto, la casa de la cascada, las novelas inmortales -como si pudieran morir asesinadas-, Moby Dick, La odisea, las obras de Velázquez, de Caravaggio y de Chagall, los estadios más grandes del mundo -donde ya se representan fragmentos del apocalipsis-. En fin, también los otros seres que habitan este mundo y a los que damos arrogantes la espalda porque no saben -como nosotros- que van a morir y su ignorancia merece nuestro desprecio. Todo va a quedar atrás enseguida por unos pocos grados de temperatura, los que harán que la tierra se vuelva inhabitable, el milagro de la vida en este planeta desaparezca para siempre y el silencio vuelva a dominar el universo.

Porque a lo mejor era cierto que estábamos solos.