El bucle israelí


En geometría bucle es un movimiento helicoidal, es decir en forma de hélice, que gira sobre sí mismo. Bucle es, además, lo que se hacen o tienen por natural las personas en sus cabellos y que más o menos conocemos popularmente como «ricitos» o tirabuzones. Pero también, en lenguaje coloquial, un bucle es una retroalimentación de emociones o irse por los cerros de Úbeda si nos atenemos al rico patrimonio de expresiones español. Pues bien, Israel, que ha celebrado elecciones, está en un bucle, según cualquiera de las definiciones que elijamos. Los resultados de estas elecciones -las cuartas en los dos últimos años- no han despejado para nada el panorama político. Es más, hay quien plantea que habrá unas quintas elecciones. El país tampoco tiene presupuestos desde hace dos años. El partido minoritario que ha obtenido más escaños en las últimas elecciones es el Likud, de derechas, que dirige Benjamín Netanyahu.

No voy a darles los datos porque están ahí y son conocidos. En resumen, ha ganado la derecha que solo tiene como aliados a los ultraortodoxos. Pero todos juntos no tienen la mayoría absoluta en la Knesset (120) diputados. Y si no hay mayoría absoluta ¿quiénes pueden gobernar? Aquí comienza el lío o el bucle si ustedes prefieren. Netanyahu tiene tres alternativas: gobernar con los centristas de Yahir Lapid y/o Azul y Blanco o, y esto es una auténtica novedad, con el apoyo de la coalición árabe del islamista Raam. Hay voces en el Likud que no hacen ascos a ese apoyo. Pero el problema es que los ultraortodoxos se oponen tajantemente porque Raam es un antisionista (o sea anti Estado de Israel que es lo que quiere decir esta palabra).

La minoría mayoritaria del Likud se ha debido a dos causas fundamentalmente -pese a que sobre Netanyahu pesan imputaciones por corrupción-: el éxito de la alta vacunación - sobre una población de nueve millones unos cinco millones, incluidos dos millones de árabes israelíes- y a los Acuerdos de Abraham con algunos países árabes sobre el reconocimiento del Estado de Israel. De hecho, una encuesta promovida por el Ministerio de Exteriores de Israel señala que en Europa ha disminuido un 8% la imagen negativa del país por estos motivos. Pero también hay nubarrones. Israel ha perdido, en mi opinión, una oportunidad de oro al no tratar con más generosidad a los palestinos en los territorios ocupados, al no ayudarles con la vacunación (los palestinos acaban de recibir 50.000 dosis de la ONU), y porque ha sido condenada el mismo día que celebraban elecciones por el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU); por cierto, con el voto también de España. Es pronto para vaticinar un nuevo gobierno porque el mosaico partidista israelí es ahora un puzle. Por si fuera poco, están pendientes unas elecciones en los territorios palestinos -veremos si se van a celebrar o no-, y desde el punto de vista geopolítico internacional China ha anunciado que se implicará en Oriente Medio. Atentos a cómo reaccionan Estados Unidos y Europa.

Por Luis Grandal Periodista y profesor de Periodismo Internacional en la Universidad Carlos III

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