Esperar lo inesperado

OPINIÓN

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16 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Me cuesta ver a Pablo Iglesias como discípulo de Heráclito a la paciente espera de lo inesperado, y, aunque algunos aspectos de su melancólica personalidad evoquen a la que algunos refieren del «filósofo llorón», lo cierto es que mi interpretación de lo sucedido ayer se lee mejor a la luz de Juego de Tronos que a la de la filosofía presocrática.

No hay ninguna lectura táctica ni estratégica que sirva para explicar la decisión de Iglesias, tan solo el gusto por provocar la intriga y buscar el protagonismo en un tiempo que parecía creado para el surgimiento de nuevos liderazgos en la izquierda de Madrid.

Iglesias se baja de un Ejecutivo donde su búsqueda de protagonismo estaba creando problemas no solo al Gobierno sino también a la propia formación de Podemos, en la que algunos votantes empezaban a no comprender el riesgo de gobernabilidad al que sometía a la coalición. Pero se embarca en una aventura que puede marcar el final de su carrera política con la única confianza de que los electores de centro abandonarán al PSOE y reforzarán a Ayuso, reduciendo las distancias entre las izquierdas madrileñas.