Los trabajos de Joe Biden


20 de enero del 2021.Toma de posesión del 46º presidente de los Estados Unidos. Apenas mil invitados. El Mall de Washington amanece sembrado de banderas que sustituyen a los ausentes. Como en el Comala de Rulfo, este funeral imaginario lo habita la multitud de muertos de un país exhausto y fracturado, tras cuatro años de trumpismo y de la desvastación anímica y económica de la pandemia.

«Sin unidad, no hay paz. Solo amargura y furia». Joe Biden hereda un escenario tóxico y una tarea hercúlea: unificar al país en un contexto de extrema polarización. Enfrente, 74 millones de votos jaleados por las verdades alternativas de un Joker que quiso aniquilar el orden legal que había jurado defender. Absuelto de incitar a la insurrección por asaltar el Capitolio, sigue vivo. Su América acecha. A partir de ahora, el nuevo presidente se mide con sus promesas.

«No hay tiempo que perder. Debemos actuar inmediatamente». El mismo día de la jura Biden firma medio centenar de órdenes ejecutivas para borrar las huellas del trumpismo: paralización de la construcción del muro con México, vuelta a la OMS y al Acuerdo de París, levantamiento de las restricciones a los viajeros musulmanes y africanos. Pero no todas las medidas se toman en el despacho oval. Un plan de 1,9 billones en pagos a familias, apoyo a pequeñas empresas y fondos para acelerar la vacunación contra el virus; otro plan de regularización de 11 millones de emigrantes sin papeles, así como inversiones masivas en infraestructuras que no contaminan, esperan a ser acordadas en la arena del Congreso.

El nuevo presidente es un reconocido atlantista. En el exterior el país recuperará su protagonismo y la tradición jacksoniana del America first quedará orillada. Recomponer las relaciones políticas y comerciales con Europa, recuperar la gestión multilateral de los asuntos internacionales, frenar el capitalismo estatal chino o prolongar el tratado de armas nucleares con Rusia, además de combatir su ciberespionaje, son prioridades.

Pero hay más. Somos seres sedientos de palabras. Biden deberá enterrar una cultura en la que los hechos objetivos son manipulados y manufacturados. Porque cuando se permite que la mentira pública campe a sus anchas, se demuestra que no se ama la verdad. Y cuando esto ocurre somos incapaces de reconocerla. Solo así se podrá creer en lo que dijo: «Hoy no celebramos el triunfo de un candidato, sino de una causa. La causa de la democracia. Hemos aprendido que es frágil. Y a esta hora la democracia ha prevalecido».

Por Juan Carlos Varela Vázquez Inspector de Educación

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