La sabiduría popular lo tildó de loco -febrerillo el loco- por sus caprichos meteorológicos o climáticos. Es un mes que comienza con la festividad de la Candelaria, cuarenta días después de la Navidad, y su cohorte de refranes populares tan comunes al occidente cristiano: «Si la Candelaria chora, mitad do inverno vai fora…», o su versión italiana Candeloria, del inverno siamo fuora, mas si piove e corre il vento del inverno siamo dentro. Tuvo que llegar la marmota Phil para popularizar la vieja profecía que este año, al no ver proyectada su sombra, dictaminó que todavía nos quedan seis semanas de invierno.

Llega febrero, el mes mas corto, anticipando en las acacias florecidas la luz de la primavera, que viene por la mar iluminando amaneceres, viene con memoria culta de las fiestas lupercales de la vieja Roma, trae a esta parte del mundo el jolgorio bullicioso de los carnavales, y nos recuerda que sus veintiocho o veintinueve días con los que cuenta el mes están protegidos por el dios Neptuno, que temporalmente deja la mar para convertirse en aliado de las lluvias de febrero.

A mitad de mes, en el imperio anglosajón se celebra el día de San Valentín, mártir cristiano ajusticiado por casar a parejas paganas para convertirlas al cristianismo; el Día de los Enamorados que a España llegó envuelto en un regalo de El Corte Inglés hasta consolidar la efemérides, que este año va a ser coincidente con las elecciones autonómicas catalanas en las que hasta -o incluso- podrán ejercer su derecho al voto los enfermos confinados por mor del coronavirus. Debe ser una de las locuras contemporáneas del loco febrerillo.

Para mí febrero ha sido siempre un mes bisagra, un mes previo, casi de vísperas, donde declina el invierno hasta alcanzar el esplendor en la hierba que nace con cada primavera.

Fue un 7 de febrero cuando en 1812 nació Charles Dickens y el día 17 de este mismo mes se recuerda el fallecimiento en París del genial Moliere mientras representaba sobre un escenario su obra El enfermo imaginario. Pero yo quiero recordar en estas líneas que el día 28, el ultimo día del mes, se cumplen cuarenta años de la muerte de Álvaro Cunqueiro, el mas grande de nuestros narradores. Llovía el día de su entierro en Mondoñedo, cuando aún nos faltaban para Galicia mil primaveras más, como señala su lápida. Febrero va y viene en un vuelo de garzas reales que lo anunciaban en la antigüedad, cuando los meses se fijaron en el calendario.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
18 votos
Comentarios

Febrero