Nosotros los exiliados


Hace unos meses el presidente del Gobierno visitaba las tumbas de Manuel Azaña y Antonio Machado en Francia. Era el reconocimiento oficial al exilio español republicano que ya, décadas antes, se había también llevado a cabo cuando los reyes visitaron, en México, a la viuda del presidente de la República. Por eso estas infames declaraciones del vicepresidente, además de ser una atrocidad, ensucian la memoria de todos aquellos que murieron por defender la legalidad republicana y fueron perseguidos y muchos de ellos asesinados incluso en los campos de concentración del nazismo. Comparar a estos héroes ejemplares con un simple villano que vive a cuerpo de rey, sin ningún tipo de carencias, dice mucho de lo que es Iglesias: un terrorista de la memoria colectiva, un inútil miembro del Gobierno que además ha colocado a su mujer (me daría igual si fuera un hombre), y un provocador constante para aparecer en los medios de comunicación sin llevar a cabo las tareas que debería hacer. ¿Quién es este ser insignificante para insultar a Alberti, Ortega, María Zambrano, Ayala, Picasso, Juan Ramón, Castelao, Seoane o Dieste, entre tantos y tantos intelectuales, artistas, profesionales y trabajadores que tuvieron que abandonar su país en unas condiciones terribles huyendo de la represión masiva de la dictadura militar.

Quienes tenemos el gran honor de pertenecer a familias republicanas, parte de las cuales murieron en el exilio, en mi caso en París, solo podemos manifestar nuestra indignación y preocupación porque en el Gobierno de nuestro país esté alojado uno de sus mayores enemigos. Es inaudito que esto pudiera pasar en otro país europeo. Ni siquiera la extrema derecha más negacionista podría hoy decir lo dicho por Iglesias. Además es un insulto no solo para quienes sufrieron esas injusticias y sus familiares, sino también para los países que los acogieron. Un insulto para Francia, México o Argentina, entre otros muchos. Abandonados y perseguidos por su propia nación, como pasó tantas veces a lo largo del siglo XIX con los liberales, otros países supieron darles apoyo. ¡Francia! En la obra de teatro de Eliot sobre Becket, al decirle este último al rey de Francia que estaba allí exiliado, este le contesta: «Ese es uno de los títulos más importantes que se puede tener en Francia». Sí, le debemos mucho a Francia y a la propia Inglaterra. Y las palabras de Iglesias, pura basura, se las arroja también a los que nos fueron benefactores, ellos mismos en difíciles circunstancias.

¿Cómo se va a repatriar a nuestros exiliados difuntos teniendo al mando de nuestro país a gentes como Iglesias? Yo siempre he sido contrario, pero si cabe más ahora cuando hay banales y despreciables populistas en la política española como este charlatán que, además, se cree un gran filósofo. De esto habla Marco Aurelio en sus Meditaciones. Todos nuestros exiliados republicanos estarán siempre en la memoria de nuestro país, cosa que Iglesias no. Ya quisiera él ser tan innoble como Catilina, pero a fin de cuentas es tan solo un pobre resentido. Que se mire en su propio espejo.

Por César Antonio Molina Escritor. Ex director del Instituto Cervantes. Ex ministro de Cultura. Ex diputado socialista por A Coruña

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