Nuevo jinete del apocalipsis


El reloj del apocalipsis fue creado en 1947 por un grupo de científicos atómicos para simbolizar cuán cerca estaba la humanidad de su autodestrucción. Originalmente solo apuntó a la amenaza nuclear, pero hace una década incorporó la amenaza del cambio climático y, hace solo un par de años, la de la desinformación. Negacionistas de todo tipo y los recientes sucesos en los EE.UU. son indicios de ese cambio de paradigma en un mundo que pronto alcanzará los 10.000 millones de personas (es el 10 % del total que ha habido desde que existe el ser humano) y cuya población urbana supera, desde el 2007, a la rural. Hace unos meses, el peso de las cosas artificiales superó al de toda la materia viva del planeta. Y, sobre todo, estamos llegando al punto de interconexión social global.

Para la física, cuando se produce la correlación entre todos los elementos de un sistema, se produce lo que llamamos transición de fase (como lo que le ocurre al agua al convertirse en hielo) y los cambios de una parte pueden afectar a todo el colectivo. En un estudio reciente hemos visto cómo ese proceso de globalización puede no inducir una esperada homogeneización, sino tener el efecto contrario. Así, estamos asistiendo a la creación de grumos sociales, que se autofabrican su realidad y son impermeables a la del resto. Además, esos grumos nacen cada vez más rápido y son más manipulables. Como el mundo no aprenda a contrarrestar esta nueva dinámica, veremos cómo este nuevo jinete del apocalipsis dominará cada vez más el reloj.

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