El roscón


Parece ser que el origen del roscón de Reyes se remonta al s.II a.c., cuando se celebraban las saturnales romanas, fiestas que festejaban el paso del solsticio de invierno y el consiguiente crecer de los días. En aquel entonces se trataba de una especie de torta redonda taraceada de higos y dátiles que compartía todo el pueblo.

Fue en el Reino de Navarra allá por 1361 cuando se inventó lo de meter una haba en el roscón, nombrando al niño que la encontrara rey de la faba. Sea como fuere, lo cierto es que el roscón de reyes es probablemente la joya de nuestra repostería -cultura española en vena con agua de azahar- que injertamos en Latinoamérica -sobre todo en México-, en Portugal bajo el nombre de bolo de Reis y en Francia como galette de Rois (los franceses sostienen que lo inventaron ellos, faltaría más). Frente a la polémica de si el roscón de Reyes debe o no debe llevar fruta escarchada, opino que un roscón sin fruta es más un bollo de las saturnales paganas que un verdadero roscón.

La corona de los Reyes Magos con sus piedras/frutas preciosas encastradas y las sorpresas buenas y malas, son una metáfora bíblica. Me apunto a los abajo firmantes del roscón con fruta escarchada sin menospreciar a los paganos minimalistas y la reciente herejía de cremas y natas que desvirtúan su realeza. Comiendo un roscón del Mauri en Barcelona (uno de las más tradicionales), todos quedamos atónitos al ver que se acabó sin haber salido el haba (había que pagarlo) ni la figurita. Tras un cruce de miradas interrogantes, el nonagenario y acaudalado abuelo de un cuñado comenzó a ponerse violeta y acabó confesando que se había tragado el haba y un llavero del Barça por no pagarlo. Cosas del roscón.

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