¿Qué hemos hecho con Gibraltar?


Gibraltar es una cuestión de Estado desde hace más de 300 años, cuando cedimos a Gran Bretaña la propiedad -no la soberanía-, por el Tratado de Utrecht de 1713. Luego vino la ocupación ilegal del istmo, donde está el aeropuerto, y la disputa sobre las aguas. En foros internacionales, la posición oficial de España «exige acabar con este vestigio colonial que vulnera la integridad territorial española». ¿Estamos aprovechando la oportunidad que ofrece el brexit para avanzar posiciones en Gibraltar?

Cada día, diez mil trabajadores van desde La Línea de la Concepción (la ciudad de más de 40.000 habitantes con más paro de España, un 40 %) a Gibraltar, que tiene un 1 % de paro, la tercera mayor renta per cápita del mundo y genera el 15 % del PIB de la comarca. Esta terrible dependencia económica de Gibraltar, paraíso fiscal histórico, parece haber determinado la posición negociadora del Gobierno español. La propia ministra González Laya dijo que «no se pueden llevar adelante estas negociaciones sin atender el punto de vista del Campo de Gibraltar».

Y es cierto, pero si no se parte de un contexto amplio, la dependencia económica del Peñón debilita la posición negociadora de España, que debería ser sólida por las debilidades británicas que podíamos aprovechar: el 96 % de Gibraltar contra el brexit, 50 % de su PIB en peligro por la fuga de empresas de juego online, el dumping fiscal o la ubicación del aeropuerto en territorio ocupado ilegalmente.

Lo poco que se sabe del principio de acuerdo no parece un éxito para España. El anuncio tranquiliza al Campo de Gibraltar y la eliminación de la Verja facilitará el cruce de los trabajadores, pero desconocemos aspectos claves como la fiscalidad o la seguridad. Lo grave es que se rechazó -como quería Gran Bretaña- negociar la soberanía o cualquier ejercicio compartido y se renunció -como también quería Gran Bretaña- a un ejercicio esencial de soberanía como es realizar controles Schengen en el puerto y en el aeropuerto, en favor de Frontex. Hay que esperar los detalles, pero el ministro principal de Gibraltar ya está exultante.

Por Jorge Quindimil, profesor de Derecho Internacional en la UDC Profesor de Derecho Internacional Público de la Universidade da Coruña

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