Planes de rescate de autónomos

Francisco Javier Pérez Bello LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

MONICA IRAGO

Las medidas aprobadas con el nuevo estado de alarma, en forma de limitaciones y prohibiciones de actividad y restricciones de derechos individuales, están provocando el cierre de miles de autónomos y empresas, especialmente la hostelería, pero también el ocio, la cultura, las actividades de temporada, feriantes, fotografía, gimnasios, y un largo etcétera. Y lo peor está por venir, cuando a final de año entre un 10 y un 30 % de los autónomos se den de baja definitivamente y gran parte de los 740.000 trabajadores en situación de ERTE se conviertan en ERES. Vivimos un drama que camina hacia una tragedia si no le ponemos remedio.

En este escenario se anuncian planes de rescate de los autónomos, como el de la Xunta, en forma de limosnita de 1.200 euros a los poco más de 20.000 afortunados. En Galicia somos todavía más de 200.000 autónomos. Aun sin tener en cuenta el sector de la hostelería, que tiene su propio plan, estaríamos hablando de que a más de 170.000 autónomos no les va a llegar ni un mísero euro y lo único que recibirán es un cordial saludo, un abrazo; bueno, ahora será un codazo y ¡hasta luego, Lucas!

Y, ¿qué criterio han establecido para decidir quién cobra y quién no? Pues el famoso criterio conocido vulgarmente como «tonto el último», ya saben, la inmensa mayoría se encontrarán con el cartel de «hoy no hay dinero, vuelva usted mañana».

Y ello porque el sistema está diseñado para que solo reciban la ayuda los que sean más hábiles a la hora de manejarse con las tecnologías. Para un autónomo es como escalar el Everest sin oxígeno y con mochila y sherpa colgados de la chepa.

Un autónomo medio, que se ponga a ello a las 8 de la mañana, cuando pasen de las 9 con suerte habrá conseguido avanzar del primer formulario al segundo, tras lo cual la Red se colapsará y vuelta a empezar. Una vez sea quien de avanzar los tres primeros pasos, aparecerá un aviso de error, del tipo «este trámite ha sido deshabilitado o está fuera de vigencia». El autónomo habrá de empezar de nuevo.

Cuándo por fin, ¡albricias, eureka!, consiga, si lo consigue, terminar todos los formularios, lo más probable es que reciba una respuesta en forma de «se resuelve denegar la solicitud por falta de dotación presupuestaria», que quiere decir que tienes derecho a la ayuda, pero has llegado tarde y se acabó la pasta. Momento en que el autónomo decide directamente no volver a votar a nadie «porque son todos iguales».

Y si, por algún tipo de milagro, llega a tiempo y finalmente le toca el premio gordo en forma de ayuda: ¿qué hace un autónomo con 1.200 euros, qué apenas cubre el pago de tres o cuatro cuotas de la Seguridad Social?, cuando has tenido que pagar la tuya desde enero, con carácter retroactivo si habías suspendido el pago, más los impuestos (con intereses), más los alquileres, los gastos de telefonía, Internet, suministros, mantenimiento del negocio, todo, y, además, comer el autónomo y su familia.

Métanse los planes de rescate en el bote salvavidas y abandonen el barco, que seguro encontraremos mejores timoneles.