PSOE-Podemos: unión contra natura


Cuando hace poco más de cuatro años una amplia coalición interna socialista (los seguidores de Díaz y Madina, seis de siete presidentes regionales, la mayoría de los líderes históricos y las federaciones más poderosas del partido) expulsó a Sánchez de la secretaría general, todos los juramentados querían impedir lo que se hizo finalmente realidad: un Gobierno de Podemos y el PSOE apoyado por los separatistas catalanes.

Ese era el objetivo, pero ni siquiera los más duros partidarios de abortar un pacto que consideraban demencial (Frankenstein lo llamó entonces Rubalcaba) llegaron a imaginar que su partido pudiese acabar gobernando no solo con Podemos sino también con el imprescindible sostén de unos secesionistas cuyos dirigentes cumplen condena por sedición, tras una declaración ilegal de independencia, y con la complicidad de los herederos de ETA liderados por el ex terrorista Arnaldo Otegi.

El tiempo ha dado toda la razón a quienes se movilizaron para echar a Sánchez, pese a que parte de ellos cambiaron de chaqueta tras el retorno del defenestrado. Y se la ha dado no porque la alianza que trataron de evitar no pudiese dar el poder a una conjunción de socialistas, podemitas e independentistas, como vino a suceder, sino porque esa coyunda muestra ser contra natura día tras día.

España es hoy el único país democrático del mundo donde gobierna un partido que defiende la monarquía parlamentaria (clave de bóveda de nuestra convivencia, en palabras de ex ministro socialista Ramón Jáuregui) en coalición con otro que exige marchar ya hacia la república y con el sostén de fuerzas secesionistas que la han declarado por su cuenta mediante un acto delictivo. España es el único país democrático del mundo donde gobierna un partido que defiende la unidad nacional en coalición con otro que está a favor no solo de que todos los territorios puedan ejercer un supuesto derecho que nadie reconoce en situaciones no coloniales (el de autodeterminación de los pueblos), sino también con el firme sostén de fuerzas separatistas que han declarado la independencia por su cuenta, mediante un acto delictivo. España es, en fin, el único país democrático del mundo donde gobierna un partido que proclama respetar el principio del imperio de la ley y su necesario correlato, la independencia de los jueces que la aplican, en comandita con otros que demonizan al poder judicial como parcial, no independiente, corrupto e incluso vengativo cada vez que dicta una sentencia que no es de su conveniencia.

¿Es posible una alianza como esa? ¿Puede mandar el PSOE con Podemos? La evidencia de que puede llevamos viéndola desde hace trece meses, pero a un altísimo precio para España (el del caos y el desgobierno) y para el Partido Socialista, que, contra la gran fuerza socialdemócrata que fue, se deja cada día que pasa un trozo de credibilidad en el camino y va convirtiéndose, entre increíbles concesiones y silencios ominosos, en una trágica sombra de lo que fue un día para millones de españoles.

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