Flandes desatado

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

BERNADETT SZABO | Reuters

13 dic 2020 . Actualizado a las 11:36 h.

Fue en Bruselas, la capital de Flandes, donde se mezclan espadachines embozados con mascarillas de humo europeo, emigrantes atrincherados tras el rencor y la media luna en un Molenbeek exclusivo, financieros, políticos, meretrices de encaje y efebos de Tintín. En ese pandemónium de cerveza de abadía y chocolate es donde los eurodiputados pasean su inmunidad diplomática al amparo de uno de los más cotizados chollos que pueda procurar la actividad política.

Justo ahí, en un apartamento sin PCR, un grupo de gays entretenían la tarde dentro de una orgía de popper, éxtasis, anfetas y gang-bangs. Fue ahí mismo donde József Szájer, un joven eurodiputado de 58 años, adalid de la lucha contra los matrimonios gay, feliz esposo de una jueza del Tribunal Constitucional húngaro y padre de dos hermosas criaturas, decidió escapar por el balcón deslizándose a través de la cañería del desagüe -como un Papa Noel con maletín de ejecutivo- cuando irrumpió la policía cortando el rollo al personal, unos veinte sin mascarilla ni preservativo y otros tres con inmunidad.

József, que tanto peleó contra el colectivo LGTBI, fue identificado y posteriormente masacrado por la opinión pública -la gay y la otra- sin tener en cuenta sus justas alegaciones: «Pedí que me hicieran un test porque en el maletín llevaba una dosis de éxtasis que no era mía y no sé quién, ni cómo me la metió». Y algo de eso le pasaría.