Un viveirense que se vio obligado a cumplir con el desaparecido servicio militar en el Azor, aquel yate en el que Franco surcaba las embravecidas aguas de los océanos, cuenta el concepto que los miembros de la familia tenían de la propiedad particular, así como la altivez y el menosprecio de todos ellos para con todos los demás. Desde el nieto Francis, que abofeteaba a mandos de las embarcaciones auxiliares, a obligar a un soldado a caminar descalzo por pistas de grava. Y entre uno y otro, unos reclutas casi niños a los que se les impedía mirar a las nietísimas cuando iban en biquini, aunque el no poder hacerlo entorpeciera peligrosamente las maniobras del bote de apoyo.
Hay que escuchar a Tito, que así se llama quien tuvo el honor de cargar sobre sus dorsales a su excelencia para que no mojase las pantorrillas, las vivencias sobre el abusivo comportamiento de los Franco para comprender mejor por qué siguen haciendo lo que hacen y que tiene un fiel reflejo en lo que esta semana descubrimos, con el inventario de valor incalculable que expoliaron para Meirás.
Casi medio siglo después, los restos familiares de los Franco continúan alojados en un territorio que se niegan a ver que ya no es suyo. Que no les pertenece. Y mantienen la displicencia y la idea de que les estamos en deuda y que todo lo que es de España y de los españoles, les pertenece.
En realidad los herederos no están inventándose nada. Están cumpliendo las reglas sobre las que fueron educados. Estuvieron todos tan atareados viviendo una realidad ficticia que no les dio tiempo a conocer el valor de los valores. Los éticos, morales, económicos y sociales. Los del respeto, solidaridad, honestidad y gratitud. Y siguen creyéndose los amos y señores.
Idea a la que contribuyen desde la caverna con cartas y manifiestos y que confirma esa idea que mantienen de que este país es una hacienda que su abuelo logró con el sudor de su frente y que, por tanto, les pertenece. Y así van a seguir el resto de sus días. Porque la vida la marca el valor que le des a los valores. Si los recibes, claro.