Pedro Sánchez no pega ojo


Aquel temor del presidente Sánchez de que dormiría mal si incorporase a Pablo Iglesias y a UP a su Gobierno se está cumpliendo. Es más, tal y como van las cosas últimamente no debe pegar ojo. Porque sus socios están descontrolados y cada media hora le crean un problema que da armas a la oposición y agita a los propios socialistas. La situación se acentúa con el paso de los días por no querer dar un golpe en la mesa, como le aconsejó el peneuvista Andoni Ortuzar.

La antología de desencuentros entre los socios de Gobierno supera ya todo lo imaginable. Desde los apoyos a la aprobación de los Presupuestos a los rastreadores, pasando por los desahucios, los ataques al Poder Judicial o la monarquía. Uno tras otro para dejar claro que Iglesias y los suyos no están ahí como meras comparsas y que marcan una ruta que el Ejecutivo no tiene más remedio que seguir.

No tenemos experiencia en España de gobiernos de coalición, contrariamente a lo que ocurre en países de nuestro entorno. Pero en Galicia sí sabemos cómo funcionan y de las deslealtades y traiciones que se profesan. Lo sabemos por las experiencias en ayuntamientos y por aquella Xunta en la que cargos relevantes no se cortaban al asegurar que «eso é cousa da outra Xunta».

La situación se le está yendo de las manos al presidente. Tanto que no solo la vieja guardia socialista le está afeando la conducta, sino que en la propia mesa del Consejo de Ministros le dieron un toque de atención, sus más afines. Nadia Calviño y Margarita Robles están de los nervios y han reprochado públicamente el comportamiento de la formación morada. Pero es que, según parece, el presidente Sánchez quiere evitar por todos los medios la confrontación pública, al menos hasta la aprobación de los Presupuestos, que es objetivo prioritario.

De ser así, puede que la falta de jerarquía de Sánchez tenga una explicación. Pero cuando aún no se ha cumplido un año del Gobierno de coalición o de lo que sea, lo que percibimos los ciudadanos es la existencia de un mando bicéfalo. Y eso, en la situación que vivimos, comienza a resultar irritante. Sobre todo cuando el propio Pedro Sánchez nos prometió «un Gobierno con un mensaje coherente». Que es exactamente lo que no tenemos.

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